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Opinión | CARTA DEL OBISPO

Domingo de la Palabra de Dios

La Palabra de Dios, contenida en la Biblia, no es un elemento accesorio de la fe cristiana y de la misión de la Iglesia. Es su fundamento vivo, la fuente permanente de la que brota la vida cristiana y la misión evangelizadora de la Iglesia. Con el fin de reavivar el amor, la veneración y la familiaridad con la Sagrada Escritura, el papa Francisco estableció que se dedicara un domingo al año a la Palabra de Dios.

La Biblia no es un libro escrito por hombres sobre Dios, sino la palabra que Dios mismo dirige a su pueblo a través de hombres inspirados por el Espíritu Santo. No es un texto del pasado. Es la palabra del Dios vivo, que habla aquí y ahora; es una palabra viva y eficaz, capaz de iluminar las decisiones, sostener en las dificultades y orientar hacia una vida plenamente conforme al Evangelio.

El lema de este año, La Palabra de Cristo habite entre vosotros, (Col 3,16) exhorta a dejar que la Palabra de Cristo habite nuestro corazón. Cuando esto ocurre, esta palabra ilumina la inteligencia, purifica la mirada, fortalece la esperanza y orienta las decisiones; enseña a discernir según Dios y no según los criterios del mundo.

La Liturgia es el lugar privilegiado donde la Palabra de Dios es proclamada, escuchada y actualizada. Por eso, es necesario redescubrir la importancia de la escucha humilde, atenta y orante de las lecturas bíblicas de la Misa para dejarse interpelar por lo que Dios nos dice. Pero la lectura de la Palabra de Dios no puede quedar en el ámbito litúrgico. Animo a todos a tener la Biblia en casa, a leerla y compartirla en familia, a enseñar a los niños y jóvenes a amarla y respetarla.

La Palabra de Dios está llamada a hacerse vida, testimonio y misión. Impulsa a salir de nosotros mismos, a comprometernos con la verdad, la justicia, la paz y la caridad, sirviendo especialmente a los más pobres y necesitados. Quien acoge la Palabra, se deja transformar por ella y se convierte en testigo creíble del Evangelio en su entorno: en la familia, en el trabajo y en la sociedad. Hoy más que nunca, nuestro mundo necesita cristianos que vivan la Palabra de Dios con coherencia y alegría.

Obispo de Segorbe-Castellón

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