Opinión | EDITORIAL
Aragón, termómetro de la situación
PP y PSOE medirán de nuevo sus fuerzas el próximo 8 de febrero en Aragón, después de que lo hicieran el pasado 21 de diciembre en Extremadura. Nada hace pensar, a día de hoy, que los resultados electorales, a grandes rasgos, vayan a ser muy diferentes de los de aquella otra autonomía. Al menos así lo señalan los sondeos, entre ellos el del CIS, que predicen una mayoría para el presidente popular, Jorge Azcón, aunque sin conseguir la absoluta que le salvaría de tener que pactar con Vox. El partido de Santiago Abascal, como ocurrió en los comicios extremeños, elevaría considerablemente su representación en el parlamento aragonés. Los socialistas, con la exministra de Educación y exportavoz del Gobierno, Pilar Alegría, podrían, en el mejor de los supuestos, mantener su actual número de diputados, aunque las encuestas apuntan a una caída de sus expectativas. Pero Aragón no es Extremadura. En las elecciones aragonesas participan ocho partidos políticos, ya que a los tres citados, PP, PSOE y Vox, allí hay que añadir tres candidaturas a la izquierda de los socialistas, IU-Sumar, Podemos-Alianza Verde y la Chunta Aragonesista, además de otras dos marcas aragonesas en el centro derecha, Aragón (Teruel) Existe y el PAR. Este último partido, al igual que Podemos, podría, según los sondeos, quedarse sin representación parlamentaria, lo que reforzaría el objetivo de Azcón que es más poder jugar con la desaparición del PAR y las posibles alianzas regionales con Aragón Existe, para aligerar su dependencia de Vox para la investidura y posterior gobernanza. Esa habría sido su pretensión cuando decidió adelantar las elecciones mucho más que la casi utópica de obtener una mayoría absoluta, que está siendo inédita en las últimas décadas en Aragón.
En las elecciones aragonesas se empezará también a poner a prueba la estrategia de Pedro Sánchez de designar candidatos autonómicos a parte de sus ministros. Al margen de la personalidad política de los nominados, en este caso la exministra y portavoz Pilar Alegría, muy enraizada en el territorio, pero sujeta a críticas en una federación que controlaba Javier Lambán en oposición a Sánchez, lo cierto es que el contexto político general no parece favorecer al socialismo. A los casos de corrupción y acoso sexual surgidos recientemente en el PSOE, hay que añadir ahora la conmoción social causada por el accidente ferroviario de Adamuz y las críticas de los agricultores y ganaderos al acuerdo de la Unión Europea con Mercosur. Tampoco ayuda a la candidata socialista la reciente propuesta de financiación autonómica que solo ella, de entre todos los candidatos aragoneses, defiende como positiva para su tierra.
Va a ser, por tanto, una batalla electoral hasta cierto punto desigual en la que la participación será clave. Porque, al igual que en Extremadura, donde cayó 10 puntos respecto a los anteriores comicios regionales, es la primera vez que en Aragón se celebran unas elecciones autonómicas adelantadas que no coinciden con las municipales. Es decir, sin contar con el tirón que siempre tiene la elección de los alcaldes. Las elecciones serán decisivas para Aragón, pero también serán un termómetro que permitirá medir la temperatura de la situación política española en un momento de cierta conmoción social.
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