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Opinión | EL TURNO

De cigarras y hormigas

Cuentan que la cigarra pasó el verano cantando al sol, despreocupada y altiva, mientras la hormiga se deslomaba acarreando grano para cuando vinieran mal dadas. En esta España de hoy, donde la realidad se confunde con la desidia de despacho, la fábula se ha instalado en nuestra costa. Burriana, como esa hormiga que conoce bien el oficio y el esfuerzo, lleva años advirtiendo que el invierno y el mar no perdonan. Pero en Madrid, la cigarra sigue a lo suyo: cantando baladas de autocomplacencia, mientras nuestras playas se deshacen como un azucarillo en un café amargo.

La borrasca Harry no ha inventado nada; solo ha venido a pasarnos la factura de la negligencia ajena. El resultado son casi 600.000 euros de daños en nuestro litoral. Más de medio millón de euros que, de nuevo, la hormiga tiene que sacar de su granero porque quienes deberían haber invertido sus recursos prefirieron seguir ensayando el do de pecho en los jardines de la Moncloa. Es una cifra ingente que, desde Burriana, no deberíamos asumir cíclicamente si tuviéramos unas defensas litorales adecuadas.

El detalle del desastre es para que a cualquier responsable público se le cayera la cara de vergüenza, si es que todavía queda de eso junto a la cigarra. Casi 190.000 euros en el tramo entre el Camí Masquemado y el de Etxebarria; otros 163.000 en la Serratella. Carreteras rotas, acequias de riego sepultadas bajo el lodo, lo que pone en jaque el sudor de los agricultores de nuestra localidad, y la desembocadura del río Anna obstruida por la desidia de quienes, desde un despacho a cientos de kilómetros, ignoran que el mar, si no se toman las medidas adecuadas, finalmente se lo cobra todo.

No es mala suerte, es la desprotección sistemática de una costa que el Gobierno de Sánchez trata como si fuera un decorado de cartón piedra. Mientras Burriana cumple, cuantifica y exige, en Madrid la cigarra sigue mirando al cielo, confiando en que el próximo temporal nos pille con el oído sordo.

Esta memoria no es solo un listado de desperfectos; es una exigencia de dignidad para nuestra localidad. Porque la hormiga está cansada de reconstruir lo que la cigarra deja que se destruya por pura indolencia. Al final, la moraleja de esta versión moderna es más amarga que la de Samaniego: aquí la cigarra no pasa hambre, pero deja que la hormiga se ahogue mientras ella sigue, imperturbable, tocando la bandurria de espaldas a la realidad de nuestra costa.

Alcalde de Burriana

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