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Opinión | la rueda

¿Fin de fiestas?

Las fiestas santantonianas, que este año se han enlazado unas celebraciones con otras en nuestros pueblos, parece que están tocando a su fin. La meteorología ha incidido plenamente en su desarrollo y calendario. Pero, al fin, entre retrasos y prórrogas, parece que esta semana terminarán dándose la mano con evidente éxito.

La fiesta no es una cuestión baladí como pudiera pensarse, sino, contradictoriamente, la seriedad de su esencia contrasta con la calidez (nunca mejor dicho en este caso) y el gozo que provoca en el ser humano que Aristóteles denominaba homo sapiens/homo ridens (referente liberador) y otros autores como Huizinga, homo ludens, en los que implica la risa y la diversión como factores básicos, junto al ocio y el descanso necesarios para la conmemoración festiva.

La fiesta (del latín festa) significa en su más amplio sentido, diversión, expansión, descanso para los días de labor; es una reunión grupal, tan antigua como la humanidad para festejar algún acontecimiento, familiar o social sobre hitos culturales o religiosos. Así se celebran nacimientos, bautizos, etc., y también otros de carácter más amplio del ámbito comunitario. Todo ello ya desde la antigüedad. La Biblia cita un número considerable de fiestas, algunas de las cuales siguen celebrándose.

En nuestra tierra, especialmente, se conmemora en el ámbito social y religioso la fiesta de los patronos, en general, además de otras celebraciones y acontecimientos en una mezcla inseparable, muchas veces, de lo sacro y lo profano, siguiendo mayormente la tradición, que implica la alegría y el regocijo propios de la fiesta. Ahora con Sant Antoni se cierra un ciclo y comenzará otro.

Profesor

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