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Opinión | RECONTRA

Imperator

Soy un gran lector de los libros de Santiago Posteguillo sobre Roma. Sobre todo, porque enseñan mucho de lo que ocurre en la actualidad en nuestro imperio de Occidente y su decadencia. Comparar a Trump con los emperadores romanos locos (los hubo cuerdos y muy buenos, como los hispanos Trajano y Adriano) es tentador. Como Calígula, Trump descubrió que el escándalo permanente es una forma de gobierno; como Nerón, mostró un talento especial para admirarse a sí mismo mientras el entorno ardía; y como Cómodo, entendió el poder no como responsabilidad, sino como escenario donde él siempre debía ocupar el centro del coliseo.

Occidente va camino de dejar de ser un grupo de democracias, más o menos plenas, igual que Roma dejó de ser una república (que no una democracia) cuando los emperadores llegaron al trono. Algo similar ocurre cuando Trump jura respetar la Constitución mientras la usa como accesorio decorativo. El Senado romano aplaudía para sobrevivir; buena parte del establishment estadounidense aplaudió para no perder votos, audiencia o donaciones. Y los países vasallos, con la rodilla hincada en el pavimento por si acaso. Y es que la Historia sigue rimando, como suele hacer siempre.

Los emperadores desequilibrados, igual que Trump y los de su categoría política, no gobernaban solos: necesitaban aduladores y multitudes fascinadas por el espectáculo. Roma nos dejó una advertencia: cuando el poder se confunde con entretenimiento, el imperio puede seguir en pie… pero la república ya está muerta.

Urbanista

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