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Opinión | MIRADA ABIERTA

Emergencia y urgencia

Cada día, sin excepción, los periódicos abren con una nueva noticia sobre vivienda. Suben los precios, faltan alquileres, se retrasan promociones, se endurecen las condiciones de acceso. El problema ha dejado de ser coyuntural para convertirse en estructural, y no afecta solo a colectivos tradicionalmente vulnerables: alcanza a jóvenes con empleo, a familias de rentas medias y a sectores clave para el funcionamiento de nuestras ciudades.

Durante demasiado tiempo se ha confiado en que el mercado, por sí solo, corregiría los desequilibrios. No lo ha hecho. Y no porque el mercado sea irrelevante, sino porque no puede asumir en solitario una función social que exige planificación, inversión y liderazgo público. Sin una acción decidida de las administraciones, no se genera vivienda asequible en los lugares donde se necesita.

La urgencia obliga a hacer algunas preguntas. Si existen solares públicos, ¿por qué no están ya en construcción? Si hay suelo privado ocioso, ¿por qué no se activan los mecanismos legales de edificación forzosa? Si disponemos de suelos dotacionales, ¿por qué no se impulsan viviendas dotacionales en alquiler? Si hay suelo público en proceso de urbanización, ¿por qué no se licita simultáneamente la edificación? Y si existen ámbitos de suelo capaces de transformarse con rapidez, ¿por qué no aceleramos las tramitaciones?

Esa misma urgencia que reclamamos para las actuaciones municipales y autonómicas también debe exigirse en el plano estatal. Si el próximo Plan Estatal de Vivienda debe entrar en vigor en 2026, ¿por qué no está ya aprobado y operativo? En un contexto de emergencia habitacional, los calendarios administrativos no pueden dilatarse e ignorar la realidad social.

Porque de eso se trata: de una emergencia. Por eso hay que actuar con urgencia. Cada día de retraso agrava el déficit de vivienda, eleva los precios, intensifica las tensiones sociales y alimenta la desafección ciudadana hacia la actuación pública. No valen anuncios sin ejecución. Hace falta actuar con decisión, coordinación y urgencia. Ya. No mañana. No en el próximo mandato. Ahora.

Economista

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