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Opinión | A quemarropa

Ursula Von Der Leyen

Hace tiempo que desconfío profundamente de todo lo que viene del desgobierno europeo. Ursula me parece, como poco, una incompetente. Por no hablar, directamente, de que sus postulados me parecen negligentes, imprudentes e incluso antieuropeos. No sé bien a qué intereses o a que personas obedece, pero no creo que los votantes tengamos nada que ver con lo que ella y los suyos piensan, dicen y hacen.

El bipartidismo, en Bruselas, baila al mismo son. Allí no importa si eres rojo o azul, progre o conservador, europeísta o nacionalista. Allí, la socialdemocracia y la democracia cristiana escuchan la misma música. Esto ha funcionado durante cuarenta años. Cincuenta, quizá. Pero ya no.

El penúltimo episodio, el del Mercosur, fue sonrojante. Pero el último, el del acuerdo comercial con la India, es de traca. El azulejo español, y entiendo que también el italiano, van a sufrir un duro varapalo. La India podrá traer a Europa baldosas cerámicas baratas, de tercera categoría, como el que come pipas. Sin cortapisa alguna. Y parece que este extremo no le importe a nadie. Desde luego al PP y al PSOE se la suda de canto.

¿Para qué tenemos diputados en Madrid y en Estrasburgo? ¿Para qué tenemos representantes en el Consejo y la Comisión Europea? ¿Es que la obediencia debida a la disciplina del partido ya no permite que un representante público opine sobre nada que no le venga dictado desde arriba? Da todo tanto asco que ahora mismo vomitaría si no fuera porque me lo tomo ya casi todo a cachondeo.

Aprovecho esta humilde columna para exigir que levanten la voz a los representantes castellonenses en Madrid. ¡Hasta aquí!

* Pablo Sebastiá es escritor

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