Opinión | BABOR Y ESTRIBOR
Azaña y Chaves Nogales
En el inicio de año del 90 aniversario del comienzo de la guerra civil, golpe de Estado del 18 de julio, ha irrumpido la primera polémica mediática desde el espacio cultural y promete escalar. De momento a beneficio promocional de David Uclés, la nueva figura literaria convertida en voz de la intolerancia intelectual quien, a rebufo de sus últimas declaraciones y puestas en escena, va engrosando el número de seguidores cortados por el mismo patrón. Dicen que ha nacido una estrella, para algunos tal vez fugaz. Ya se verá. La escritora Espido Freire opinaba sobre el aplazamiento de las XI Jornadas de Cajasol 1936: la guerra que todos perdimos, observando la premeditada actitud de Uclés y señalando lo bien que le va al novelista para sus intereses, siendo, como ella remarca, nuevo en las lides literarias. El chaval apuesta fuerte en el discurso de la intolerancia, convirtiendo en enemigo al adversario de pensamiento diferente al suyo, cerrando la puerta del diálogo plural a la hora de ver y concebir el modelo de sociedad alumbrado por nuestra historia reciente. El estrambote de Uclés habría quedado en anécdota si otros y otras hubiesen mantenido el compromiso en lugar de secundar la decisión del novel autor. A más de la agitación de la podemita Belarra.
El otro día, me refería a la oportunidad perdida de quienes han dinamitado las jornadas de Sevilla de escuchar textos de Manuel Azaña y del periodista republicano Chaves Nogales, a través de la prevista lectura de La velada en Benicarló y A sangre y fuego. Ambos textos, imprescindibles testimonios de la guerra civil, fueron escritos entre enero y mayo de 1937. Azaña redacta la velada en el palacio de la Ciudadela de Barcelona mientras la ciudad era un polvorín en conflicto abierto entre el PCE y el POUM, que acabaría con el asesinato del líder antiestalinista Andreu Nin. El presidente de la República, abatido por el transcurso de la guerra, hilvana un diálogo entre once personajes republicanos: «Por rechazo de la insurrección militar, hallándose el Gobierno sin medio coactivos, se produce un levantamiento proletario, que no se dirige contra el Gobierno mismo. Secuestran bienes y personas, muchas perecen sin pasar ante ningún tribunal, se expulsa o se mata a los patronos, a los técnicos que no inspiran confianza, y los sindicatos, radios, grupos libertarios y hasta partidos políticos se apoderan de inmuebles, de explotaciones industriales y comerciales, periódicos, cuentas corrientes, valores etcétera. Llamamos a todo esto revolución, porque es demasiado vasto y grave para dejarlo en motín».
Exiliado en París, Chaves Nogales presagia cómo será el final del conflicto: «Un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra. Rojo o blanco, capitán del ejército o comisario político, fascista o comunista, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano». Leer, escuchar, dialogar y respetar, deberes del intelectual.
Periodista y escritor
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