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Opinión | COSAS MÍAS

Castelló neandertal

Juan Bautista Porcar Ripollés fue un destacado pintor y escultor castellonense que colaboró en labores arqueológicas con los prehistoriadores Breuil y Obermaier, llevando a cabo calcos rupestres de los abrigos epipaleolíticos de la Valltorta, en el término de Tírig o La Joquera, en el más cercano de Borriol. A su afanosa labor indagadora debemos, además, numerosos hallazgos, entre los que cabe citar una pieza lítica del periodo musteriense, que es, sin duda, el documento más antiguo que conservamos sobre el hábitat humano en la circunscripción castellonense. El ilustre artista y prehistoriador la encontró, casualmente, en las estribaciones del Desert de les Palmes, hace casi un siglo, cuando pasaba temporadas en el convento carmelitano, para solazar su espíritu (de profundas creencias) y pintar los agrestes entornos de los collados rojizos de rodeno. Es un único documento, no hallado en una excavación en regla y que, por tanto, escasa luz ofrece sobre las formas de vida de los neandertales, que fueron los especímenes humanos que debieron tallar este sílex.

Este ancestro es fuerte, robusto, camina erguido, domina ya un modo de habla y entierra a sus muertos, lo que evidencia que además de ser el inventor del gorigori, poseía un cierto sistema de creencias. Con todo, por su pinta, no haría demasiado buen papel en nuestros días si lo viéramos paseando por la calle y podemos suponer que no ligaría demasiado si entrara en una discoteca.

Cronista oficial de Castelló

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