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Opinión | PECES DE CIUDAD

La esperanza de vivir sin sobresaltos

Los días transcurren como las hojas secas que inundan el parque Ribalta, el recinto verde más bello de la ciudad, arremolinados, desordenados por los aires con el viento, racheado, fugaz. Los días pasan como el tiempo por este espacio vital urbano, bastante descuidado, envejecido, ralentizado, silencioso en sus amaneceres y atardeceres, refugio para los más vulnerables y para quienes caminan en soledad. Junto a mi perro Pancho, y sus atolondrados pasos de artrosis, componemos una estampa solitaria, lenta, silenciosa, moviéndonos entre las hojas y los restos de basura que campea a sus anchas por este hermoso recinto. Quizás la energía vegetal pudiera unir las almas solitarias, los sonoros silencios, los pensamientos y el devenir de los días. Quizás el sonido de un pájaro alegre componga una armonía de colores que acoja bajo su manto los deseos no cumplidos. El parque Ribalta se desnuda cada invierno, se encoge con el frío, emergiendo con los primeros rayos del sol. Es como los seres humanos, necesitados del calor ambiental, del sosiego y la esperanza de vivir sin sobresaltos.

Es difícil sacudirse la indignación, desconfianza y el dolor que produce la actualidad y sus consecuencias. Las noticias reales y las elaboradas en la factoría de la ignominia cabalgan vertiginosamente, dejando estelas de rabia. Dicen que hay un concejal castellonense que no ha pagado decenas de multas de aparcamiento irresponsable y que la Fiscalía vuelve a abrir el caso. Mientras, otros concejales de este gobierno de la derecha y su ultraderecha marcan misoginia, racismo y homofobia cada vez que hablan. De lo local a lo global, porque en Gaza han asesinado estos días a más de 30 personas, entre ellos a varios niños. Mientras, Rosalía le dedica La Perla a Netanyahu.

Periodista

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