Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Solo hay un futuro para Europa

Sólo hay un futuro para la Unión Europea, reforzar su gobernabilidad para avanzar hacia una estructura política federal y consolidar el Euro como divisa internacional. La moneda común, cuyo final presagiaron algunos durante la crísis de 2008, se ha revelado como el principal elemento cohesionador de la Unión y exige ahora su afianzamiento. Ambos aspectos, gobernanza y moneda, son fundamentales en el proceso de integración europeo.

La complejidad del acervo jurídico comunitario y la administración supranacional han generado cierto distanciamiento de la opinión pública que no hace tanto se mostraba entusiasta con la adhesión a la Unión. El desapego actual no ha mejorado con las actuaciones decepcionantes en los conflictos de Ucrania y Palestina y ahora frente a la relación arbitraria y autoritaria que le ha impuesto EEUU. Deshacer esa deriva constituye un reto para los europeístas.

La respuesta a esos desafíos para reformas los pilares de la construcción europea, la gobernabilidad y el Euro a los que habría que añadir la defensa común, constituye una invitación a reflexionar sobre los instrumentos de que dispone la Unión para su desarrollo, pues parece evidente que los medios utilizados para llevar adelante el proyecto son ahora insuficientes para asegurar una gestión adecuada en el ámbito interno y en el internacional.

La mejora de la gobernabilidad requiere fórmulas de carácter federativo como son la modificación del actual sistema de mayorías en el Consejo o la disponibilidad de un presupuesto federal que potencie la capacidad de intervención en la economía de cualquiera de los territorios. El actual presupuesto común apenas representa el 1% del PIB de los Estados miembros mientras en EEUU por ejemplo, el presupuesto federal supera el 5% del PIB. Para completar esa capacidad se necesita dotar al Euro de una Zona Monetaria Óptima, con un eficaz sistema de transferencias fiscales que permita avanzar en la coordinación de las políticas y los ciclos económicos nacionales.

Otros temas pendientes y no menos importantes apuntan a la fiscalidad, la cooperación judicial o las normas electorales unicas para el PE, temas complejos para los que conviene reivindicar el Método de la Integración Funcional que tan buenos resultados ha dado desde 1958.

Un gran desarrollo de marcado carácter federativo fue la emisión de eurobonos por parte de la Comisión, cuando hubo que relanzar la economía trás la pandemia de 2020. Una emisión de deuda mancomunada erogándo la responsabilidad del rembolso entre los Estados miembros, sin hacerla depender del destino de los fondos. Hoy la UE acumula más de 700.000 millones € de deuda, una cifra que solo superan Italia, Francia, Alemania y España. Las fórmulas federales no son ajenas a la cultura política europea, Alemania, Bélgica e incluso España constituyen buenos precedentes para una reforma de la estructura política de la Unión de la que se comienza a hablar con frecuencia, que podría gestarse en un primer momento entre los ventiún países que integran el Euro, ya administrado por el BCE con metodos federativos.

Consolidar el euro

Consolidar el Euro con las reformas esbozadas, le permitiría afirmarse como divisa internacional y asumir un papel significativo en las transacciones internacionales junto al dólar, el rimimbi u otras monedas futuras como la que anuncian los BRIC. Se reduciría así la dependencia europea del dólar para la compra del petróleo y para otros asuntos como el control del volumen de crédito acopiado trás las tarjetas Visa, American Espress o Europcard, propuestas por sociedades americanas con la mera intermediación de los Bancos europeos.

La guerra en Ucrania y las exigencias americanas han puesto de manifiesto la necesidad de una defensa europea hasta hoy delegada en la OTAN. La defensa común se planteó desde los inicios de las Comunidades Europeas, pero fué vetada por el General De Gaulle. No es sin embargo una quimera pues ya se está actuando para incrementar la cooperación entre los ejercitos de los ventisiete, cuyos presupuestos adicionados por cierto, superan el del ejercito ruso, al parecer nuestra principal amenaza.

La UE es la mayor unión aduanera del planeta y una de las primeras potencias comerciales, como vienen a confirmar los recientes acuerdos de libre comercio con Mercosur y la India. Un gigante económico inmerso en una situación internacional que no controla debido a sus carencias políticas. Así lo pone de manifiesto la marginación de que está siendo objeto en las negociaciones para la paz en Ucrania que llevan a cabo EEUU y Rusia y en lo relativo a Palestina, no todos los miembros han condenado la agresión genocida de Israel, lo que ha mostrado un comportamiento dispar entre los miembros, que debilita la imagen de la Unión y su presencia en el mundo.

La gobernabilidad es la capacidad que disponen las instituciones para gobernar manteniendo un equilibrio entre los Estados, la sociedad civil y el mercado, una facultad que ha cambiado significativamente en las últimas décadas y exige ahora una actualización. Los Estados que integran la Unión Europea vieron mermada su capacidad de control sobre la economía desde los años 70, con la privatización de empresas que antes fueron patrimonio nacional. La sociedad civil ha visto alterada su participación en la vida pública al generalizarse el uso de la tecnología digital, que ha modificado la relación de los individuos con las instituciones y organizaciones colectivas. Por su parte, el mercado se ha convertido en una red global de entidades financieras, dedicada a canalizar los cuantiosos fondos que circulan sin control alrededor del planeta. Se calcula que el importe de las transacciones ligadas al comercio real de bienes y servicios alcanza sólo el 6 o 7 % del total de fondos en circulación.

Miembro del Circulo Progresista de Alicante

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents