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Opinión | LA RUEDA

Más justicia y felicidad

Decía estos días Costa Gavras, intelectual y director de cine griego, alguien que con 92 años no se rinde, que nuestro mundo ha perdido la lección de la antigua cultura griega: el ágora. Se refería al espacio público en el que se habla y se escucha, se exponen propuestas y alternativas y se delibera y vota. O dicho de otra forma, que nuestros parlamentos ya no son espacios de interacción fecunda, sino de confrontación agresiva donde el presentar una mejor oferta social es sustituido por acusar y desgastar al otro. Incluso señalaba que los nuevos espacios de interacción social como internet, que nacieron para acabar con la exclusividad de la voz de los gobiernos y las instituciones y abrir y asegurar la participación, tienden a radicalizarnos, a aislarnos y a no respetarnos. Momento histórico, que para Costa Gavras lo escenifica Donald Trump, el que representa a ese sector social de multimillonarios que han optado por apartar la intermediación (de la política y los partidos) y no transigir con nadie ni respetar ninguna regla porque se sienten los amos.

Tipos, que en el caso de la UE, pero también en el resto del mundo, respaldan a la extrema derecha y, además, y esto está publicado en la prensa, le ofrecieron la dirección de ese movimiento a José María Aznar. Por cierto, si a estas opiniones de Costa Gavras le unimos las reflexiones del filósofo Biung-Chul Han (apoyadas en Hannah Arendt y en el sentido de lo político de Aristóteles) que denuncian tanto la falta de libertad y participación en los partidos como el exceso de decretos-leyes en los parlamentos, tenemos algunas de las causas que, según toda esta gente, hacen que la política se degrade y no produzca actos útiles que posibiliten más justicia y felicidad.

Analista político

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