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Opinión | vivir es ser otro

Fracasados (I)

De tanto en tanto, surgen polémicas y pequeñas trifulcas en el mundo literario. A veces vienen de lejos, de disputas personales, enemistades cultivadas en el tiempo. Manuel Vilas, quizá por su peculiar trayectoria literaria, acostumbra a meterse en estos fregados que, aparte de no llevar a ninguna parte y entretener poco, en general, a los lectores, diría que manchan la imagen de quienes se pelean a través de la dialéctica igual que los niños de guardería lo hacen tirándose del pelo. En fin, que poco más o menos se trata de una bobada de adultos magnificada por su propia condición o prestigio.

El mencionado Vilas, finalista hace poco del premio Planeta (no lo digo como un honor, sino como una sospecha) soltó, poco más o menos, que aquellos autores de libros que venden menos de trescientos ejemplares son unos fracasados. Él sabe que quienes le leemos conocemos que viene de ahí, del barro literario, de vender un puñado de ejemplares a amigos, familiares y conocidos. Vamos, del fracaso según su actual vara de medir. Pienso yo que debe resultarle fácil a alguien que luego ha revertido esa situación y ahora vende, o vendía, cientos de miles de libros, escribe (y le pagan por ello) una columna en una importante cabecera periodística, le invitan a ferias del libro (a la de Castelló, el año pasado, por ejemplo) y, supongo, sale de vez en cuando en la tele. Vamos, que se ha subido al carro de los triunfadores. Imagino que ve desde el púlpito de su supuesto éxito la desoladora cifra de ventas de muchos (espóiler, la gran mayoría) de sus compañeros de fatigas literarias. Y la visión desde ahí arriba difiere de la que se pueda tener desde abajo, claro.

Una de las muchas reacciones a su mensaje vino de Juan Soto Ivars, ese tipo que antes se dedicaba a escribir novelas de escasa trascendencia (igual vendía menos de la citada cifra) y que ahora ha visto cómo resulta más productivo para sus finanzas y su ego dedicarse a opinar, polemizar y exponerse en medios de comunicación como adalid del neoliberalismo, azote del gobierno y librepensador abrazado a ideas conservadoras. Pues este señor ha decidido matizar a Manuel Vilas y añadir que quien vende menos de trescientos ejemplares no solo es un fracasado, sino que ni siquiera puede considerarse escritor. Ahí es nada. Órdago a la grande. Apostilla el tipo que pueden atesorar un gran talento literario, pero no son escritores porque, según él, los que sí lo son aspiran a ser leídos y, al no haberlo logrado con la suficiente abundancia, dejan de poder ser calificados como tales. Luego de decir esto, imagino, se echó la melena rara que luce hacia atrás.

Conozco mucha gente que publica y vende menos de la citada cantidad. Yo mismo soy uno de ellos. Tampoco todos los libros que salen de mi editorial alcanzan las trescientas ventas. Así que, según Vilas y Soto, pertenezco al club de los fracasados, junto a un buen puñado de personas a las que no solo aprecio, sino que en algunos casos admiro. Me gustaría rebatirles esa simplista clasificación y hoy me he quedado sin espacio.

Así que toca esperar a la semana que viene.

Editor de La Pajarita Roja

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