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Opinión | A FONDO

Santa Àgueda es tradición

Cada domingo inmediatamente posterior al 5 de febrero, los vecinos y vecinas de Benicàssim renovamos uno de los vínculos más profundos con nuestra historia y nuestras tradiciones. Y lo hacemos con la celebración de Santa Águeda, patrona del municipio. Por ello, coincidiendo con su onomástica, participamos en una romería que nos lleva hasta el lugar donde en 1603 se otorgó la carta puebla a 40 agricultores venidos de otras partes, lo que logró asentar una población estable que, siglos más tarde, se agruparía definitivamente alrededor de la iglesia de Santo Tomás de Villanueva, dando origen a nuestro pueblo.

Este día, y desde primera hora de la mañana, la localidad se prepara para emprender el camino hacia el ermitorio, situado a los pies de las montañas que llevan su nombre, las Agujas de Santa Águeda. Un singular conjunto montañoso, visible desde numerosos puntos de la provincia y reconocible para quien conozca Benicàssim, que constituye uno de los paisajes más bellos, inconfundible y emblemáticos de nuestro término municipal, convirtiendo esta jornada de veneración a nuestra patrona, en un punto de encuentro y de convivencia.

Y es que la celebración de la festividad de Santa Águeda es, para los benicenses, una ocasión para el reencuentro, pues desde todos los puntos del municipio acuden los vecinos para participar en la romería, encontrando la oportunidad de compartir vivencias, recuerdos profundos y sentimientos sinceros, capaces de mantener viva la tradición de un pueblo que la vive con orgullo y con la que, pasado y presente, se unen a través de las generaciones, la fe y la convivencia.

La romería a Santa Àgueda es una tradición que se ha transmitido de generación en generación, pues al paso de dolçaina i tabal, familias enteras y grupos de amigos recorremos juntos el camino ascendente mientras compartimos esfuerzo, conversación y emoción, en una cita que combina historia, espiritualidad, naturaleza y cultura popular, formando entre todos, una serpenteante imagen de un camino, de pasos y voces, que acompañan a nuestra patrona.

Por ello, cada primer fin de semana de febrero, Benicàssim vuelve a encontrarse consigo mismo reafirmando que las tradiciones no pertenecen solo al pasado, sino que siguen siendo un pilar esencial de nuestro presente y construyen nuestra historia con vocación de futuro.

Pero es que, además, la figura de Santa Águeda, trasciende su papel como patrona del municipio, porque es también la patrona de las mujeres, pues en ella se representa la fortaleza, dignidad y resistencia, un símbolo con el que muchas de las mujeres de Benicàssim nos identificamos.

No es casualidad que la Asociación de Amas de Casa de Benicàssim, que lleva su nombre, también se encargue de mantener viva esta tradición, desempeñando un papel fundamental en la conservación de la celebración y organizando, cada año, una comida hermandad para las socias. Gracias a su dedicación, la festividad continúa siendo un espacio de reconocimiento del papel fundamental de las mujeres en la vida social, familiar y cultural del municipio.

Por ello quiero aprovechar estas líneas para que, en nombre del Ayuntamiento de Benicàssim, agradecer a quienes, desde su empeño personal, contribuyen al mantenimiento y organización de la fiesta, de la romería, encargándose de portar a la santa, con fe y devoción. También, de manera especial, a don Joaquín Monfort quien, cada año junto a su familia, nos abre generosamente a todos los benicenses las puertas del paraje donde se encuentra Santa Águeda, colaborando para que los vecinos y vecinas del municipio podamos realizar la romería. Su compromiso con el pueblo de Benicàssim representa un ejemplo de generosidad, colaboración y de amor por las tradiciones.

Poner en valor la festividad

Desde el Ayuntamiento, y desde la concejalía de Fiestas y Tradiciones, seguiremos trabajando cada año para preservar y poner en valor esta festividad, conscientes de que una tradición como es «subir a Santa Àgueda» no solo forme parte de una cita en el calendario, o de «preservar lo antiguo», sino que constituye un patrimonio emocional que nos define a quienes somos y a quienes nos sentimos parte de Benicàssim, simbolizando nuestra capacidad para cuidar nuestras raíces y recordar quiénes somos y de dónde venimos, al tiempo que contribuimos a mantener viva la identidad, la memoria, y ese orgullo de pertenencia que nos caracteriza a los benicenses.

Porque cuando un pueblo mantiene vivas sus fiestas, tradiciones y costumbres, no solo celebra, no solo festeja, sino que va mucho más allá. Se reconoce, se recuerda y se mantiene unido.

Alcaldesa de Benicàssim y senadora

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