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Opinión | RECONTRA

‘Enredes’ sociales

El uso de las redes sociales de los menores de 16 años se presenta como un debate entre libertad y prohibición, cuando en realidad lo es sobreprotección, poder y democracia. Y conviene llamar a las cosas por su nombre. Estas plataformas hace tiempo que dejaron de ser redes sociales. Son redes, sí, pero de las de enredar. No están diseñadas para socializar, sino para capturar, moldear y dirigir pensamientos. Todo ello a través de algoritmos creados por equipos opacos, con intereses económicos y políticos muy concretos. El objetivo no es que el niño piense, sino que reaccione; no que razone, sino que consuma; no que construya criterio propio, sino que lo delegue en un algoritmo simplificado que decide qué ver, qué sentir y qué indignación toca hoy. Prueba a soltar a tu hijo en mitad de una autopista y dile que aprenda a esquivar coches «porque la vida es así». Pues esto es lo mismo.

La reacción los tecnoligarcas ante cualquier intento de regulación lo confirma todo. Cuando el tecnonazi Elon Musk o el pseudoprogre dueño de Telegram cargan contra Pedro Sánchez y contra la idea de limitar el acceso de menores a estas plataformas, no lo hacen por la libertad de expresión. Lo hacen porque se ha pinchado en hueso. Porque alguien ha osado señalar que su negocio se basa en la ausencia de límites y en la captura temprana de niños. Las redes antisociales son canales de veneno: desinformación, odio, polarización, misoginia, racismo y una simplificación extrema de la realidad. Y como con cualquier veneno hay un antídoto: la democracia.

Urbanista

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