Opinión | Y SIN EMBARGO

Periodista. Redactor jefe del periódico Mediterráneo.
Coherencia o acta
Cuando uno se presenta a unas elecciones no lo hace en nombre propio, aunque su nombre aparezca en la papeleta. Es un compromiso con unas siglas que no están ahí por casualidad, con un programa, con un proyecto colectivo y con el respaldo de unos votantes que eligen algo más que a una persona.
Entrar en un Ayuntamiento no es un acto neutro. No es un trámite ni una promoción personal. Nadie llega a concejal por generación espontánea. ¿Qué pensarían los votantes si supieran que su voto puede convertirse en patrimonio individual?
Por eso resulta difícil de explicar (y más aún de justificar) que alguien decida romper con el partido por el que concurrió (totalmente legítimo) y, sin embargo, conserve el acta como si fuera un bien privado. Puede haber discrepancias e incluso rupturas inevitables. La política no es un convento. Pero cuando eso ocurre, la coherencia debería marcar el camino, y ese no es el que lleva al grupo de los no adscritos. Ha pasado esta legislatura en Vila-real, Almassora o Benicàssim con cargos electos del PSOE, Compromís o Vox. La última espantada sin dejar el acta es la de dos ediles de Compromís en Burriana.
Se suele decir que el acta es personal, que el concejal responde a los vecinos y no a un partido. El argumento suena bien hasta que se analiza con calma. Si fuera así, no existirían listas cerradas, campañas con logos ni programas electorales. Existirían candidaturas individuales. Y no es el caso.
No se trata de cuestionar la libertad individual de nadie. Se trata de entender que la representación pública implica una responsabilidad que va más allá del interés personal o de la coyuntura política del momento. La democracia descansa también sobre una cuestión de formas, y las formas, en política, son fondo.
En tiempos de desafección, las renuncias a medias alimentan la idea de que el compromiso es flexible y de que las reglas son interpretables según convenga. Es un problema político y ético. Si uno rompe con el proyecto que le llevó hasta allí, tal vez lo coherente no sea conservar el acta, sino devolverla. Dimitir no es perder. A veces es la única forma de explicar, sin discursos, que la política todavía tiene algo de coherencia.
Redactor jefe de Mediterráneo
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