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Opinión | A QUEMARROPA

Odiosas comparaciones

Las comparaciones siempre son odiosas, pero no por ello tenemos que dejar de hacerlas.

Atendiendo a los resultados electorales en Extremadura y en Aragón, y extrapolándolos a Valencia, el panorama, en unas hipotéticas elecciones autonómicas adelantadas, quedaría así: el PPCV ganaría, pero dependería de Vox para formar gobierno. Nada nuevo bajo el sol. El PSPV se desplomaría hasta su mínimo histórico. El sanchismo llevaría al socialismo valenciano a la bancarrota. Al desastre electoral. Podemos, Sumar y compañía desaparecerían de la Cortes Valencianas y el voto a la izquierda de la izquierda se aglutinaría en torno a Compromís. No me extraña que el partido nacionalista mantenga cierto optimismo. Después de haber gobernado, ser quienes aglutinen la ilusión en la oposición es lo más pintón.

Es bien cierto que cada territorio tiene sus peculiaridades. Quizá la Comunidad Valenciana se parezca poco a Extremadura, demoscópicamente hablando, pero se parecemucho a Aragón. Eso es así.

Profesionales de la demoscopia política

Tiempo por venir. Futuro. Solo el oráculo de Delfos sabe qué sucederá en el próximo envite electoral en Castellón, Valencia y Alicante. O quizá los de Siwa y Amón puedan intuir también alguna cosilla. Pero poco más. Ni la pitonisa Lola, ni Rappel, ni Aramís Fuster, ni Octavio Acebes, por nombrar a unos pocos de los más apreciados profesionales de la demoscopia política patria, saben nada.

Dicho esto, personalmente mantengo mi opinión inicial. Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. O los gerifaltes del socialismo valenciano se arremangan, toman el toro por los cuernos y se distancian del sanchismo o les espera un futuro más que aciago.

Escritor

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