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Opinión | PECES DE CIUDAD

Los aires difíciles

El pasado sábado acumulamos todos los miedos. El feroz sonido del viento nos envolvió en silencios. Toda una jornada de rugidos insoportables, de corrientes de aire, de ventanas y balcones que se abren y cierran, de cajas de persianas que saltaron por los aires, de patios interiores donde el viento aullaba sin remedio. Fue un sábado tremendo, con rachas superiores a los 100 km/h que azotaron en todas las comarcas. Volaron elementos y enseres, volaron ramas y miles de hojas secas, volaron las vallas, toldos y estructuras metálicas, hasta volaron nuestras esperanzas. Sientes que son los sonidos del fin del mundo, el rugir malvado del cielo, un castigo divino que alerta sobre el mal transcurrir de este mundo atravesado.

Una jornada, el sábado, de permanecer encerrados y previsores, con diversas alertas telefónicas. Hay que prevenir. Si en el maldito día de la dana, en València, se hubieran activado las alarmas con horas de antelación, se hubieran salvado vidas. Es imposible olvidar, y perdonar. El diputado Mazón debería dar la cara, pero esta clase de políticos, sin coraje ni dignidad, se esconden tras las entretelas institucionales, y con despacho y asesores en Alicante por su condición de expresident, un servicio que pagamos toda la ciudadanía valenciana.

La furia del viento podría haber limpiado el aire que nos asfixia, llevándose a las malas personas, a los malos políticos. Bufando las mentiras, los insultos, eliminando la ignominia constante hacia la sociedad más vulnerable, hacia las mujeres, hacia los inmigrantes…. El fuerte viento racheado y huracanado podría haber acabado con tanta prepotencia de la derecha y su ultraderecha que no cesan en confrontar y dividir a la sociedad. Respiramos, vivimos bajo aires difíciles.

Periodista

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