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Opinión | COSAS MÍAS

La peste

Una grave epidemia de peste bubónica se extendió por todo el reino de Valencia. La capital fue, al parecer, en junio de 1647, la puerta de entrada de la enfermedad, importada con probabilidad desde Argel. Desde aquí avanzó por dos sendas. Hacia el Sur, afectó, ya a finales de año, a la ciudad de Alicante y por la zona norte, el contagio ascendió hasta afectar, en las mismas fechas, las comarcas castellonenses del Maestrat y Els Ports. Entre los años 1648 y 1654, esta plaga invadió también las tierras del Principat y el vecino reino de Aragón.

Este mal endémico conocido como peste bubónica, era percibido por la aparición de forúnculos y altas fiebres. La carencia de higiene fue uno de los motivos clave para su extensión, fomentada por la suciedad y la gran cantidad de ratas que campeaban por doquier en las poblaciones. Por esto se tomaron medidas de no contagio con la creación de morborías aisladas. Estos lugares eran hospitales de infecciosos, donde iban a parar todas las personas a quienes se les diagnosticaba el mal, que no fueron pocas.

Conocida la presencia de la enfermedad en Valencia, los ediles castellonenses envían el 15 de septiembre de 1647 al doctor Miquel Mur, para que informe sobre sus características y su propagación, cada vez más rápida y atroz, tanto que con la idea de que un mejor alimento podría poner remedio a la funesta infección, el consell local envió varios carros con 700 gallinas a título de solidaria ayuda.

Cronista oficial de Castelló

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