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Opinión | RECONTRA

Montaña rusa

El año 2026 será clave para el mercado del alquiler. Clave es una forma elegante de decir que más de 630.000 contratos firmados en toda España en 2021 caducan de golpe y que 1,6 millones de inquilinos (el equivalente a toda la población entera de Barcelona) descubrirán que su piso, ese que parecía caro en pandemia, era en realidad una ganga histórica. Qué tiempos aquellos en los que el mundo se paraba y los alquileres bajaban.

Cinco años después, el mercado va a decidir recuperar los alquileres perdidos. Los propietarios observan el calendario como quien espera las rebajas… pero al revés. Se abre ante ellos la maravillosa oportunidad de «actualizar condiciones». Algunos podrán recuperar la vivienda y alquilarla a turistas o por habitaciones con derecho a cocina y cuarto de baño; otros, renegociarán.

Mientras, los inquilinos se adentran en una jungla: oferta escasa, precios prohibitivos y filtros que harían palidecer a una oposición a notarías. El que no pueda asumir la nueva renta siempre podrá intentar negociar con su impecable historial de pagos. «Mejor yo, que un inquiokupa» le dirán a su implacable casero.

Eso sí, la ley protege… hasta cierto punto. Si el casero olvida alguna cuestión formal, el contrato se prorroga: casi un milagro administrativo. Pero si todo está en regla, toca recoger las llaves y salir corriendo al mercado.

En resumen, el año 2026 promete emociones fuertes. Para unos, más dineritos. Y para los inquilinos de esos pisos alquilados en pandemia, una montaña rusa de emociones y mudanzas.

Urbanista

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