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Opinión | LA RUEDA

Medita tu actitud

No seré yo quien le niegue a F. González el derecho y el deber de opinar y discrepar del presidente P. Sánchez, del gobierno, de sus políticas y del partido.

Como principio general, porque vivimos en una democracia que más que un régimen de acuerdos, es un sistema pensado para vivir en desacuerdos. Pero digo también, y entro en lo concreto, porque la pluralidad en un partido (mientras no lo paralice) tiene que ver con las experiencias de cada uno y es riqueza. En última instancia, porque el hecho político es un hecho público y no debe alarmar que el debate de ideas y políticas se desarrolle en la calle con los ciudadanos.

Sin embargo, y no me refiero a la legítima discrepancia, reconozco que últimamente algo me pasa con las declaraciones de F. González que las escucho y las siento como si se hubiera saltado alguna línea roja. Posiblemente la de la prudencia que se le debe exigir a quien sabe lo difícil que es gobernar y más en minoría. Y también, cómo no, a quien conoce que tiene todas las puertas abiertas de un partido, el suyo, el PSOE, en el que se le considera. Sin olvidar que, lo que fue, se lo debe a ese partido que lo aguantó con paciencia (huelgas generales, el retraso de las primarias, las historias del GAL…) y ahora no lo quiere votar.

En todo caso, entiendo que también ha violado la cuestión de la forma. Y es que, en democracia, fondo y forma son lo mismo. Digo que declaraciones o advertencias tan crudas y duras no propician la reflexión ni ayudan a configurar nuevas políticas. Y mucho menos en momentos donde la derecha no utiliza la palabra, no presenta alternativas, no reconoce la legitimidad del gobierno y solo busca debilitarlo transformándolo todo en escándalos. Felipe, medita tu actitud. Por favor.

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