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Opinión | A QUEMARROPA

Me da un arrebato

«Tú que eres tan guapa y lista, tú que te mereces un príncipe o un dentista, tú, te alejas de su lado y el mundo les parece menos amable, menos humano y mucho más raro». Esta tonadilla, que a alguno de ustedes le habrá sonado, queridos lectores, por la archiconocida canción de El Arrebato, nos viene al pelo para reírnos de una situación que no hace la menor gracia. De hecho, causa muchísima tristeza. La ministra de Sanidad, la ínclita Mónica García, hizo carrera política en Madrid criticando todo lo que hace un tiempo se hacía en materia de salud pública desde el poder. Lo criticaba todo, o casi todo, ya me entienden. Parecía tener soluciones para cada contingencia. Iba de lista, vamos. Charlaba en los distritos de la capital del reino e impartía ponencias de lo más pintonas, pero, al alcanzar el ministerio, hizo como dice el dicho, esto es, «prometer hasta meter y después de haber metido olvidarse de lo prometido».

La huelga salvaje de médicos es de traca. Tienen más razón que un santo, más que un santo cualquiera, quiero decir. Y han tenido más paciencia que el mismísimo santo Job en concreto. Ha tenido que llegar la médico y madre al ministerio de Sanidad para que los demás médicos españoles tengan que comulgar con ruedas de molino. El chiste se cuenta solo. La ironía es abrumadora. Todos aquellos compañeros de carrera que la creyeron cuando era su adalid redentora y reivindicadora, ahora se muerden las uñas con rabia. Tiempo por venir, futuro, queridos lectores. Futuro nada más. Mientras tanto, huelga de médicos al canto.

Escritor

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