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Opinión | BABOR Y ESTRIBOR

23F y memoria histórica

Tal día como ayer de hace 45 años se produjo el intento de golpe de Estado escenificado por el teniente coronel Antonio Tejero, al frente de un grupo de guardias civiles, asaltando el Congreso en plena segunda votación de la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo a la presidencia del Gobierno, en sustitución del dimitido Adolfo Suárez. Aquel 23F pudo haber sido el final de la incipiente democracia española. El hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo de Madrid a punto estuvo de convertirse en escenario de una sangrienta tragedia, cuando el descerebrado Tejero ordenó abrir fuego. Javier Cercas, autor de Anatomía de un instante, viene a reforzar la tesis que muchos hemos defendido, respecto de los bulos interesados, aún hoy vigentes, sobre la hipotética implicación de Juan Carlos I en la fallida asonada. El entonces Rey de España se puso el uniforme de capitán general y desbarató la intentona, esa es la única verdad constatable. Grandísimo servicio a la nación que es menester recordar en fecha tan señalada, a fin de refrescar parte nuclear de la memoria histórica, habitualmente manipulada en todo su concepto desde el sanchismo y la izquierda extrema.

Siguiendo con las efemérides, estos días se ha cumplido el 90 aniversario de las últimas elecciones generales de la II República, resultando ganador el conglomerado de izquierdas integrado en el denominado Frente Popular. Fórmula electoral abocada al desastre, dada la irrefrenable acción revolucionaria de la mayoría de siglas políticas. En los días siguientes al triunfo en las urnas una sucesión de violencia incontrolada anidó especialmente en grandes ciudades, con la quema de iglesias, asaltos a organizaciones de la derecha y manifestaciones ante las cárceles, cuando no asaltos, en demanda de la libertad de presos políticos. Con un balance de decenas de muertos y ante la incapacidad de contención del nuevo Gobierno encabezado por Manuel Azaña, desbordado por los acontecimientos que desembocarían en la guerra civil. En 1976, ahora se cumplen 50 años, la periodista Carmen Sarmiento entrevistó en Buenos Aires a Sánchez Albornoz pocos días antes de poner fin al exilio y regresar a España. Él había sido presidente del Consejo de Ministros de la República en el exilio (1962-1971), exministro y exembajador. Miembro de Acción Republicana fundada por Azaña, recordó a Sarmiento la profunda frustración de este ante los desmanes de elementos frentepopulistas: «Las matanzas de la retaguardia republicana y especialmente de la cárcel Modelo. Le hicieron (refiriéndose a Azaña) pronunciar una frase que le honra: No quiero ser presidente de una República de asesinos». Desde la autocrítica, Sánchez Albornoz dijo: «Yo, que he perdido más que nadie, le confieso que preparamos el terreno para que Franco se sublevara y triunfara durante 40 años». Era la constatación, una de tantas, de que la República se les escapó a quienes creían en ella, producto del desgobierno y el kafkiano planteamiento de hacer la revolución al tiempo que se pretendía contener a los militares levantados en armas contra el poder legal.

Periodista y escritor

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