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Opinión | EDITORIAL

Ucrania, año cuatro

Cumplidos cuatro años de la invasión rusa de Ucrania, el país agredido emite señales inquietantes de agotamiento y el papel determinante de Estados Unidos en un eventual desenlace de la guerra acrecienta las posibilidades de que se consolide la pretensión de Vladímir Putin de anexionarse la totalidad del Donbás, incluidas áreas que no controla. La ausencia de la Unión Europea (UE) de los contactos en curso (la última tanda, en Ginebra) por decisión de Washington y de Moscú priva al presidente Volodimir Zelenski de contar con su principal aliado, asentado del todo el propósito de Donald Trump de atender solo los requerimientos de la potencia invasora.

Puede así mantener Rusia la estrategia de la victoria en el campo de batalla a pesar de su incapacidad manifiesta para imponerse en él y de la desigualdad de medios entre ambos bandos; resulta cada vez más inalcanzable que Ucrania pueda salvar su integridad territorial. Hace tiempo que dejó de ser una referencia moral la violación del derecho internacional por el ataque del 24 de febrero de 2022 y, por el contrario, se ha impuesto la situación sobre el terreno, la perspectiva de una alianza ruso-estadounidense para la explotación de tierras raras y en los mercados energéticos y la impotencia de los europeos de intervenir en el desarrollo de los acontecimientos. Un dato que es bastante preocupante porque todos los estudios prospectivos señalan a Rusia y su proyecto expansivo como la mayor amenaza para la seguridad de Europa.

Abunda así la Casa Blanca en la crisis de identidad que erosiona la cohesión de la OTAN y da pie a toda clase de recelos sobre cuál sería la reacción de EEUU en el caso de que un socio europeo de la Alianza resultase agredido. A la luz de la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU, difundida en diciembre, y del discurso de Marco Rubio en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich, la única vía abierta para que no se degrade más el vínculo de EEUU con los europeos es que estos se plieguen al diktat de Trump. Ese carácter impositivo incluye la aceptación de un final de la guerra con pérdidas para Ucrania equivalentes al 20% del territorio que Naciones Unidas le reconoce.

La última exigencia estadounidense planteada a Ucrania, la celebración de elecciones el próximo mayo, es políticamente inaceptable y materialmente inviable, y es, en última instancia, un requisito que elude lo realmente sustancial: la restitución a Ucrania de la superficie ocupada por Rusia. Es asimismo inaceptable tal exigencia porque es inimaginable que pueden abrirse las urnas mientras siguen los ataques, y carece asimismo de toda posibilidad de prosperar la disposición ucraniana de convocar elecciones si, con anterioridad, se establece una tregua de dos meses. Mientras tanto, la trágica realidad es una población exhausta y unos combatientes cada día más a merced de la superioridad rusa en medios y unidades de combate, decantada sin remedio la contienda del lado ruso, incluso cuando Putin hace oídos sordos a Trump y alarga la guerra, consciente de que EEUU no modificará sustancialmente su posición. Porque lo único que realmente importa en Washington es que no naufrague la perspectiva del gran negocio futuro, puesto en segundo término el marco de seguridad de los europeos.

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