Opinión | BUENA PREGUNTA
El amor
En un mundo que va cada vez más rápido, detenerse es a veces lo menos temerario. Asumir los cambios sin cuestionar su dirección es uno de los mayores riesgos de esta era tecnológica. Lo cierto es que los últimos años progresamos bajo el mantra de que todo se puede anticipar, con la inteligencia artificial como motor mejorando a un ritmo difícil de asimilar. Automatiza tareas, optimiza decisiones, sustituye funciones que hasta hace poco eran exclusivamente humanas. Nos facilitará la vida, nos ahorrará tiempo, nos volverá más productivos. Es un avance real. Y sería ingenuo negarlo. Pero también existe un riesgo silencioso: que, en nombre de la eficiencia, terminemos empobreciendo lo que nos hace humanos.
La IA puede simular una conversación, pero no puede sostener una presencia. Puede generar palabras adecuadas, pero no sabe lo que pesa una mano. Puede ayudarnos a trabajar mejor, pero no puede protegernos de aquello que nos atraviesa de verdad: el dolor, la fragilidad, la pérdida. Se habla mucho de empleos que desaparecerán. Tal vez la pregunta más urgente sea qué parte de nosotros estamos dispuestos a perder en el camino. Porque el riesgo más silencioso de esta década no es que las máquinas nos superen, sino que aceptemos un mundo cada vez más eficiente y cada vez menos humano. Un mundo en el que sustituimos la implicación por la disponibilidad, el cuidado por la inmediatez, la emoción por la corrección técnica.
En un tiempo obsesionado con la predicción y el control, conviene recordarlo: lo verdaderamente insustituible no es una función ni un sistema, es el amor. Quizá el verdadero progreso no consista solo en crear máquinas cada vez más inteligentes, sino en asegurarnos de que, mientras lo hacemos, no nos volvemos más fríos. Que la tecnología amplifique nuestras capacidades sin erosionar nuestra humanidad. Porque, al final, lo que verdaderamente importa es cuánta gente acude a honrarte a tu velatorio. Cuántas personas te dan una mano cuando la necesitas. Cuántos recuerdos y abrazos compartiste. Cuánto amor da uno cuando está. Y cuánto amor deja una cuando se va.
Director y chief strategy officer de Twelfhundred. Profesor UJI
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