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Opinión | SIN RESERVAS

Lágrimas de barro

Ya formamos parte de la más trágica de las estadísticas, de la más miserable también. Apenas han transcurrido dos meses de este 2026 y Castellón se une a la lista negra de provincias donde la violencia machista ha actuado en su expresión más feroz. Tras el asesinato en Xilxes de María José y su hija Noemi, y el anterior de Ana en Benicàssim, son 10 las mujeres muertas en España a manos de sus parejas o exparejas en lo que va de año. 1.353 desde que se empezaron a visibilizar y contabilizar estos homicidios en 2003. Antes de esa fecha, nada. El olvido y la negación. La misma que persiste en parte de la sociedad de este país que sigue rechazando una realidad incontestable: El hombre mata y la mujer muere. Eso es así independientemente de que sean pareja, expareja, amigos del alma, colegas o compañeros de trabajo. Ellas mueren por ser mujer y ellos matan porque son hombres. Por una cuestión de género. Refutar esa realidad y disfrazarla de violencia doméstica o intrafamiliar es encubrir aquello que el acervo popular simplificó de una manera tan sencilla como dramática: «La maté porque era mía». Y así sigue siendo.

Negar la violencia de género contra la mujer es legitimar ese patrón. Lo hace Vox con su rechazo frontal al pacto de Estado contra la Violencia de Género y al proponer una ley de violencia intrafamiliar que no distinga el sexo del agresor ni de la víctima, defendiendo la presunción de inocencia del varón y eliminando el concepto de violencia machista. Y son consecuentes con lo que predican. Por eso mantienen de diputado nacional por Valencia a Carlos Flores, condenado por maltrato a su expareja en 2002. El mismo partido al que Feijóo, en su Documento Marco para cerrar pactos con Abascal, pide que asuma que «cualquier acuerdo rechazará expresamente las violencias políticas, terroristas, machistas, domésticas o de cualquier clase». Ya está, ventilado en apenas una línea y mezclando todas las violencias. Al parecer, eso es todo lo que el líder del PP tiene que requerir a Vox al respecto.

Mientras, las mujeres siguen llorando. Y algunas lloran «lágrimas de barro». Así se expresó Sonia Fuster, representante de una de las asociaciones de víctimas de la dana que por fin han comparecido en Les Corts. Han tenido que pasar 482 días de olvido, 16 meses de humillación, para ser escuchadas en la sede de la soberanía popular. Además han tenido que compartir sesión con el youtuber que se ensuciaba de barro para dar mayor credibilidad a sus bulos en los vídeos que gravaba para Iker Jiménez. Es lamentable que PP y Vox hayan avalado su comparecencia, una afrenta más a las víctimas, en las mismas Cortes donde sigue sentado el innombrable; bueno, donde sigue cobrando. Lo hace aunque la jueza de Catarroja, a la que vuelven a intentar apartar del caso, haya elevado al TSJCV una exposición razonada para que se le investigue por su «grosera negligencia» en la gestión de la tragedia. La magistrada señala en su contundente escrito que «de facto la emergencia se detuvo en el mismo momento en que se entró en el reservado en el restaurante». Cuando agotó el último chupito y salió de El Ventorro camino del párking ya habían muerto la mayor parte de las 230 víctimas.

Periodista y escritor

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