Opinión | Y SIN EMBARGO

Periodista. Redactor jefe del periódico Mediterráneo.
Bendita música
Hay patrimonios que se ven y otros que se escuchan. Ayer tuve la oportunidad (y el privilegio) de presentar en el Real Casino Antiguo de Castellón el trabajo de recuperación musical de Elena Aguilar Gasulla. Un libro que rescata partituras dormidas de los archivos de la basílica arciprestal Santa María la Mayor de Morella y las devuelve al presente con el mismo respeto con el que se restaura un retablo o se consolida una muralla. Mientras hablábamos de patrimonio, investigación y memoria sonora pensaba que en Castellón no somos del todo conscientes de lo que tenemos. Aquí la música no es un complemento. Es una estructura invisible que sostiene muchas cosas.
En la provincia se compone, se investiga, se interpreta y se enseña música con una naturalidad que roza lo milagroso. Hay conservatorios, agrupaciones centenarias, bandas en numerosos municipios, collas de dolçainers, directores formados aquí que luego vuelan fuera, jóvenes que ganan premios internacionales y regresan a tocar en la plaza de su pueblo como si nada. Seguimos pensando que esto es lo normal. No lo es.
Ahora llegan la Magdalena y después las Fallas en Burriana, Benicarló, la Vall y Almenara. No habrá acto que no encuentre su compás. Las fiestas comienzan cuando suena la primera nota, todo lo demás es protocolo.
Las bandas de música, los dolçainers y los tabaleters no son un decorado sonoro, son escuela, disciplina y convivencia. Son el primer escenario de muchos músicos que luego recorrerán el mundo. Son la pedagogía del esfuerzo colectivo. Aprender que si uno desafina, se nota; que si uno no entra a tiempo, descoloca al conjunto; que el lucimiento individual importa menos que la armonía común.
En tiempos de algoritmos y listas de reproducción globales, reivindicar la música hecha en Castellón no es un gesto localista. Es un ejercicio de autoestima cultural. No para encerrarnos, sino para entender que lo propio también puede ser excelente. Que lo cercano no es pequeño. Que lo nuestro suena. Y suena muy bien.
Eso, cuando priman los individualismos ruidosos, no es poca cosa. Porque aquí la música no es un adorno. Es una forma de estar en el mundo y de vivir. Música. Bendita música.
Redactor jefe de Mediterráneo
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