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Opinión | EL TURNO

El ciclo del fuego

Burriana se prepara para las Fallas. Y con cada ejercicio que comienza, con cada monumento que se alza, la ciudad vuelve a vivir uno de los rituales más profundos y bellos que conoce: crear sabiendo que lo creado será consumido por las llamas.

Hay una poética poderosa en el ciclo fallero. El monumento nace del silencio de los talleres, de las manos artesanas que modelan, pintan y sueñan. Se alza majestuoso en la calle como una declaración de identidad, una voz que habla de nosotros, de lo que somos y de lo que queremos ser. Durante unos días, es centro de miradas, de risas, de crítica y de orgullo.

Y después llega el fuego.

Pero el fuego no es final. El fuego es transformación. La Cremà no es destrucción, es el recordatorio de que las Fallas son un ciclo, que la fiesta no se consume, sino que se renueva. De las cenizas nace la semilla del próximo monumento como de la luz de la llama surge la ilusión del marzo del siguiente año.

En ese ciclo, monumento, fuego, ceniza y renacimiento, tal cuaresma fallera, se reconoce también el carácter de Burriana. Somos una ciudad que sabe levantarse, que entiende que para avanzar hay que transformar. Esa misma fuerza que nos hace reconstruir la fiesta cada año es la que nos impulsa como equipo a trabajar por una ciudad moderna, que no teme a los cambios y que sabe convertir cada reto en una oportunidad de mejora. Cada comisión, cada barrio, cada fallero y fallera forma parte de ese engranaje que da sentido a nuestra identidad.

Este año, además, celebramos el regreso de una falla histórica, la del Barri Sant Blai. Su renacimiento simboliza precisamente eso: que la llama nunca se apaga del todo. Que Burriana siempre encuentra la manera de volver cuando hay voluntad , empuje e ilusión.

Las Fallas no son solo fiesta. Son patrimonio, son cultura, son el trabajo de cientos de personas que durante meses hacen posible que Burriana luzca con orgullo. Son el talento de nuestros artistas, la música que acompaña cada acto, la indumentaria que nos conecta con la tradición y la convivencia que nos une como pueblo.

Cuando la noche de San José, el 19 de marzo, el fuego ilumine el cielo de Burriana y el monumento se convierta en ceniza, no será un adiós, sino una promesa. La promesa de que volveremos a empezar con la misma determinación con la que transformamos nuestra ciudad día a día. Porque en Burriana, la llama de la renovación nunca se apaga porque es el motor que nos hace brillar.

Alcalde de Burriana

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