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Opinión | Y SIN EMBARGO

Miguel Agost

Miguel Agost

Periodista. Redactor jefe del periódico Mediterráneo.

Festa plena

Las fiestas de la Magdalena comenzaron mirando al cielo. La lluvia se empeñó en acompañar los primeros actos y obligó a sacar paraguas y buscar cobijo. La alcaldesa de Castelló, Begoña Carrasco, señaló que hay que aprender a bailar bajo la lluvia. Un guiño a aquella escena de Singin’ in the Rain en la que Gene Kelly convertía un chaparrón en coreografía. Festa plena bajo la lluvia, como tituló este periódico el pasado domingo.

Y algo de eso tiene la Magdalena. La capacidad de seguir adelante aunque el tiempo no acompañe. Porque cuando llega esta semana, la ciudad sigue un ritual compartido que se repite: la mascletà, el Pregó, la Romeria, los carros engalanados, la Tornà, las collas, el Pregó infantil, l’Encesa, la Nit Màgica, las bodeguillas, los desfiles, l’Ofrena, las gaiatas, el Vítol... y el próximo año vuelta a empezar.

La Magdalena no es solo un programa de actos. Es una forma de encontrarse. De comprobar que, más allá de la rutina diaria, existe un hilo invisible que nos conecta. Algo que se percibe en la calle sin necesidad de explicaciones académicas. Aunque a veces también las hay. Hace apenas unos días, mi compañera y amiga, Paloma Aguilar, defendía en la UJI una magnífica tesis doctoral dedicada a estudiar la Magdalena como fenómeno cultural y social. Su trabajo parte de una idea sencilla: las fiestas tradicionales no solo se celebran, también construyen identidad. Las de Castelló reúnen elementos suficientes para consolidar lo que los expertos llaman marca territorio. Es decir, un conjunto de símbolos, experiencias y emociones capaces de proyectar una imagen propia de la ciudad hacia fuera. Ocupa un lugar central la gaiata, que se asemeja a lo que era un antiguo tótem como emblema colectivo. Queda pendiente su profesionalización.

La tesis subraya que los eventos tradicionales generan comunidad e impulsan la economía y el turismo. Primero hay que creérselo desde aquí. Después, convencer a quien haga falta dentro y fuera. La Magdalena, concluye Paloma, no es solo una fiesta, es una tradición que ayuda a explicar qué es Castelló y cómo se muestra al mundo. Cuando una tradición está viva, ni siquiera el mal tiempo consigue detenerla. Como mucho obliga a cambiar el paso. Y seguir bailando.

Redactor jefe de Mediterráneo

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