Opinión | A FONDO
San Pascual une nuestros pueblos
Hay decisiones institucionales que, más allá de su valor administrativo, reflejan una forma de entender la historia y el presente de nuestros pueblos. La firma del protocolo de intenciones para el hermanamiento entre Vila-real, Torrehermosa y Alconchel de Ariza responde precisamente a esa mirada: reconocer los vínculos que nos unen y convertirlos en una oportunidad de colaboración y de futuro.
El documento firmado en Torrehermosa tiene un objetivo claro: iniciar el expediente que deberá conducir al hermanamiento formal entre nuestros municipios. Es el primer paso institucional para consolidar una relación que no nace ahora, sino que se ha construido durante siglos gracias a una historia común y a una devoción que sigue muy viva entre nuestras comunidades.
Y si hay una figura que explica esa unión, esa figura es San Pascual.
San Pascual representa mucho más que una referencia religiosa. Es un símbolo profundamente arraigado en la identidad de Vila-real. Nació en Torrehermosa, desarrolló una parte importante de su vida en nuestra ciudad y hoy sus restos descansan en la basílica que lleva su nombre. Su figura conecta territorios y transmite valores que siguen siendo plenamente actuales.
Valores como el trabajo, la humildad, el servicio a la comunidad y la alegría. Cuatro palabras sencillas que resumen bien su legado y que también explican la forma en la que muchos pueblos han construido su historia. No son solo palabras: son una manera de vivir y de entender la comunidad desde la sencillez, el esfuerzo diario y el compromiso con los demás.
En Vila-real esos valores forman parte de nuestra manera de entender la vida colectiva. También están presentes en la nueva Vila-real del siglo XXI: una ciudad moderna, dinámica y abierta al futuro, que trabaja cada día para avanzar en oportunidades, bienestar y convivencia sin olvidar sus raíces ni aquello que nos ha hecho ser lo que somos.
Este paso tiene sentido precisamente por eso. Porque reconoce que la relación entre nuestros pueblos no es solo un recuerdo del pasado, sino una oportunidad para seguir construyendo colaboración, compartir experiencias y fortalecer los lazos entre comunidades que comparten historia. Hablar de hermanamiento es hablar de memoria, pero también de presente y de futuro. Es asumir que aquello que nos une merece ser cuidado, impulsado y convertido en una herramienta útil para seguir creciendo juntos.
Pero conviene decir algo importante. Si hoy podemos hablar de este inicio de hermanamiento no es solo por la iniciativa de las instituciones. Es también gracias al compromiso de muchas personas que han mantenido vivo ese vínculo durante años.
La Muy Ilustre Cofradía de la Purísima Sangre y Nuestra Señora de la Soledad de Vila-real, junto a los vecinos y vecinas que han participado en la peregrinación a Torrehermosa, ha sido fundamental para mantener viva esta relación entre pueblos. Su implicación demuestra que las tradiciones necesitan personas que las cuiden, las vivan y las transmiten de generación en generación. Ahí está una de las grandes lecciones de esta experiencia: cuando un pueblo cree en su historia y la hace suya, esa historia deja de ser pasado y se convierte en un valor compartido.
También quiero poner en valor la acogida recibida en Torrehermosa. Los vecinos y vecinas de la localidad, junto al Ayuntamiento de Torrehermosa, nos han demostrado una hospitalidad sincera que refuerza este camino que ahora comenzamos juntos y que refleja el espíritu de fraternidad que inspira esta iniciativa. Ese recibimiento, cercano y generoso, dice mucho de un pueblo que sabe honrar su historia y compartirla con orgullo.
San Pascual nos dejó un ejemplo sencillo pero poderoso: trabajar con humildad, servir a los demás y vivir con alegría. Siglos después, esos valores continúan siendo una guía para construir comunidad, para fortalecer la convivencia y para recordar que el progreso solo tiene sentido cuando se pone al servicio de las personas.
Por eso este protocolo no debe entenderse como un trámite más, sino como una decisión con contenido. Significa poner en valor una historia compartida, abrir nuevas posibilidades de colaboración cultural y reforzar un vínculo humano que ya existe. Y significa, también, agradecer a quienes han sabido mantener viva esa llama con discreción, constancia y cariño.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender este paso: como una oportunidad para seguir avanzando como ciudad, como la nueva Vila-real del siglo XXI, una Vila-real que mira al futuro con ambición pero que nunca olvida de dónde viene ni las raíces que han hecho posible el camino recorrido. Porque solo desde esa memoria compartida se puede construir un futuro sólido, con identidad, con orgullo y con la voluntad de seguir haciendo pueblo cada día.
Alcalde de Vila-real
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