Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | A CONTRALUZ

Ángel Báez

Ángel Báez

Director del diario Mediterráneo

Extraños compañeros de viaje

En política, como en la vida, uno acaba compartiendo mesa con gente con la que jamás habría imaginado tomarse ni un café. No porque haya afinidad, ni porque exista una amistad sincera, sino porque en ese momento concreto los intereses coinciden. Y cuando los objetivos convergen, la ideología suele quedarse esperando en el guardarropa que abrigan los escrúpulos. No es nada nuevo. La política está llena de lo que podríamos llamar «extraños compañeros de viaje». Es como cuando compartimos coche con alguien a quien nada nos une salvo la necesidad de llegar a nuestro destino.

Lo verdaderamente llamativo aparece cuando esas alianzas de conveniencia se producen entre formaciones que, en teoría, no comparten absolutamente nada: ni naturaleza política, ni ADN ideológico, ni siquiera una manera parecida de entender el mundo. Ahí es cuando el ciudadano levanta esa ceja que siempre se manifiesta ante los estímulos que acompañan a cada sobresalto.

Pero tampoco debería sorprendernos demasiado. La historia política está llena de alianzas y acuerdos improbables que nacieron con un objetivo muy concreto: frenar a un adversario, conquistar una institución o simplemente ganar tiempo.

En el tablero político provincial tenemos vivos ejemplos, algunos muy recientes que ellos mismos se verán aludidos en estas líneas que hablan de situaciones como las vividas en Burriana, con asombrosas coincidencias entre polos supuestamente opuestos; o en Vila-real, donde injuriados y agraviantes se dieron el sí quiero por un bien mayor.

Para entender todo esto, hay que pensar que, en política, los compañeros de viaje casi nunca son para toda la vida.

Director de Mediterráneo

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents