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Opinión

Empezó mal, puede acabar peor

Dice el adagio que lo que mal empieza suele terminar peor. Puede ocurrir con la guerra desencadenada por Israel y Estados Unidos en Irán, que ya ha tenido devastadoras consecuencias económicas, políticas y humanas, y cuyo final se presenta más incierto que nunca. Quince días después de comenzar, la guerra no presenta un final aceptable ni para el presidente norteamericano, que ha comprometido su prestigio en la ofensiva, ni para el régimen de los ayatolás, que parece dispuesto a ofrecer una resistencia numantina. En las dos primeras semanas, la abrumadora superioridad militar estadounidense, sumada a la israelí, ha asestado duros golpes a la capacidad militar iraní y a sus principales ciudades.

Ha degradado aún más su programa nuclear y ha diezmado su sistema de misiles balísticos, su flota, sus drones y su capacidad de activar sus tradicionales proxies en la región: Hamás, Hezbollá y los hutís. Sin embargo, la mayoría de los analistas militares consideran que Irán ha resistido mejor de lo esperado, teniendo en cuenta la potencia de fuego de los atacantes. Sus misiles y drones han alcanzado Israel, bases americanas en la región, y han provocado el caos en el golfo Pérsico desestabilizando el sistema de alianzas de Estados Unidos en la región. Los iranís no han alcanzado logros militares relevantes, pero han provocado una sensación de vulnerabilidad de las monarquías del golfo que puede tener consecuencias futuras profundas en las relaciones de estos países con Estados Unidos.

Todo ello explica por qué Donald Trump, que asumió el liderazgo de esta guerra empujado por Israel, busca una salida. Aunque esta búsqueda sigue siendo tan errática como la decisión de atacar Irán, pues mientras proclama haber conseguido todos los objetivos, envía a la región 2.500 marines con la arriesgada misión de controlar el estrecho de Ormuz. En ese mismo sentido hay que interpretar el ataque a la estratégica isla petrolera de Jarg, pues nada indica que vaya a provocar el colapso del régimen, mientras puede precipitar un minado del estrecho de larga duración y una respuesta todavía más agresiva de Teherán, atacando gasoductos y desalinizadoras.

Crisis internacional

Washington necesita terminar una guerra que puede provocar una crisis internacional si Irán utiliza las bazas militares que le quedan y la ayuda que recibe de Rusia y China. Pese a la guerra y la contestación interior, no parece que el régimen iraní vaya a desintegrarse, como ha demostrado la sustitución del ayatolá Jameneí por su hijo. Irán es cuatro veces España, constituye una de las civilizaciones más antiguas y complejas de Oriente Medio, tiene una orografía complicada, un ejército descentralizado, una policía que no ha dudado en asesinar a miles de oponentes durante la última revuelta, y una capacidad de resistencia que demostró durante la terrible guerra con Irak en los 80. Son realidades que Trump debe tener en cuenta, en vez de actuar a partir de la caricatura de país que le han presentado sus asesores y con la que actúa Binyamín Netanyahu. De no hacerlo, la región entera puede entrar en una espiral imprevisible, azuzada por la ocupación del Líbano por parte de Israel, con consecuencias para la economía mundial, dudas crecientes entre los aliados y una oposición creciente en Estados Unidos, a seis meses de las elecciones de noviembre.

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