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Opinión | COSAS MÍAS

Los Reyes Católicos en Castellón

El gobierno de los Reyes Católicos, y en particular de Fernando II de Aragón, no tuvo un gran alcance en nuestra ciudad, que, endeudada como estaba hasta límites insostenibles, poco podía ofrecerle al soberano, a diferencia de lo que si le procuró València, venero continuo de ingresos, al extremo de ser la capital financiera de la monarquía hispánica. Esta aportación crediticia, de hecho, supuso un señalado cambio del sistema municipal al acabar el siglo XV, con un predominio de la oligarquía patricial, controlada por el rey Fernando, a través del contable mayor de la ciudad, el Mestre Racional y el Batlle. Además de esa autocracia gubernamental, el rey y su esposa Isabel de Castilla no hicieron ascos a los tributos que recibieron de la misérrima ciudad en ocasión de sus visitas a la misma, sucediendo la primera de Fernando en 1472, siendo príncipe, la segunda en septiembre de 1479, ya en calidad de rey, y la tercera en noviembre de 1481, en compañía de su esposa Isabel.

Los agasajos que recibieron los reyes, tanto en sus visitas individuales como en pareja fueron más que notorios, como se deduce de la lectura de los libros municipales. El artificio falaz del agasajo y el egoísmo de los monarcas, al respecto de llenar sus arcas, no favorecía para nada el que pudieran recapacitar en la penuria de la ciudad. Razón tenía Montaigne cuando dijo: «El provecho de uno es el perjuicio de algún otro».

De hecho, el poder de los dos soberanos, de la pretendida unión de la monarquía hispánica, se fue haciendo cada vez más autoritario en su mandato.

Cronista oficial de Castelló

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