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Opinión | LA RUEDA

Magdalena, Vítol!

Hace tres días las fiestas de la Magdalena se clausuraron con el insuperable esplendor de siempre, aunque acechadas por la climatología que no se presentaba propicia en principio. El Magdalena, Vítol! resonó en la noche del domingo por la ciudad y aledaños como muestra de triunfo y complacencia. Participación plena y público numeroso en todos los actos. Un éxito.

La fiesta no es un entretenimiento baladí ni una simple contraposición a los días de trabajo. Eso sí, es un acto de carácter social, entrañablemente unido al ocio, al descanso, el esparcimiento y la diversión, un rito social compartido.

En nuestro caso, además, se trata de conmemorar la fundación de Castellón en 1251: son fiestas fundacionales, lo cual entronca con nuestros orígenes. Es, como dice el poeta en su Pregó, «orgull de genealogia», y no solo diversión. Cuando en los actos multitudinarios hemos visto la presencia y participación de los castellonenses, uno se da cuenta de que no se trata simplemente de una manifestación festiva general, sino más bien de un sentimiento de pertenencia. Es lo que la convierte en identidad compartida por todos sus miembros, algo más serio de lo que aparenta.

Es una reunión social, presidida por la alegría de sus participantes, la diversión, un rito social compartido por un grupo de personas unidas por una especial hermandad, tanto en lo religioso como en lo civil. Son lazos de pertenencia a la comunidad. Algo mucho más serio de lo que aparece a simple vista. De todo hay en la fiesta, pero sin dejar de pensar profundamente en lo que ella representa.

Así lo dejó claro, como siempre, el Magdalena, Vítol! entonado por las reinas y en una noche de alegría compartida.

Profesor y Valencià de l'Any 2025

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