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Opinión | EL TURNO

La felicidad de los pequeños momentos

Cada 20 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Felicidad, una fecha que invita a detenerse, mirar alrededor y preguntarse qué es aquello que realmente nos hace sentir bien. En Almassora, hemos querido poner el foco, por segundo año, en quienes mejor saben responder a esa pregunta: nuestros niños y niñas.

A través de una iniciativa impulsada por la Unidad de Prevención Comunitaria de Conductas Adictivas (Upcca), nuestros escolares participan en una actividad sencilla, pero significativa, la de expresar, en primera persona, qué les hace felices. Lo hacen diseñando banderines que formarán parte de una guirnalda colectiva, una creación compartida que reflejará, de forma visual y espontánea, los valores que sostienen el bienestar emocional.

Las respuestas, aunque diversas, suelen coincidir en lo esencial, como es el tiempo en familia, los amigos, el juego, aprender cosas nuevas o disfrutar de los pequeños logros cotidianos. Y ahí reside una de las grandes lecciones que nos ofrecen. La felicidad no suele encontrarse en lo extraordinario, sino en lo cercano, en lo que forma parte de nuestra vida diaria y, muchas veces, pasa desapercibido.

En una sociedad marcada por las prisas, las exigencias y, en ocasiones, por una búsqueda constante de metas externas, parar un poco y escuchar a los más pequeños resulta especialmente necesario. Nos recuerdan que la felicidad no se compra ni se mide, sino que se construye desde dentro, a partir de relaciones, emociones y experiencias compartidas.

Por eso, esta iniciativa va más allá de una actividad puntual. Es también una herramienta educativa que contribuye a reforzar la autoestima, la capacidad de identificar emociones y el desarrollo de una actitud positiva ante la vida. Hablar de felicidad es, en definitiva, hablar de salud mental, de bienestar y de futuro.

Además, la celebración se abre a toda la ciudadanía con una jornada en la plaza Pere Cornell, donde se compartirán mensajes y reflexiones en torno a aquello que nos hace felices. Porque la felicidad, cuando se comparte, se multiplica.

La educación debe transmitir conocimientos, pero también formar personas capaces de valorar lo que tienen, de afrontar los retos con fortaleza y de encontrar la felicidad en los pequeños momentos.

Alcaldesa de Almassora

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