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Opinión | A FONDO

Pagamos más, recibimos menos

En los últimos años, la sensación de que se ha encarecido la vida de manera desproporcionada ha dejado de ser una percepción subjetiva para convertirse en una realidad, cada día, para más hogares españoles.

Desde junio de 2018, la cesta de la compra, ese termómetro cotidiano de las economías familiares ha experimentado subidas de más de un 30%, afectando especialmente a productos básicos. Comprar lo mismo cuesta bastante más que antes, cuestión que está erosionando la renta disponible de millones de españoles. Es más, el último informe del Banco de España evidencia que los alimentos se encarecieron a un ritmo superior al de la UE y que, además, los hogares españoles soportan este fenómeno con más intensidad que el resto de los europeos.

A la lista de la compra debemos sumar el problema de la vivienda y la escalada del precio de la energía. Basta comprobar los recibos de la luz o el precio de los combustibles para ver cómo afecta directamente en las economías familiares. Sin embargo, frente a esta situación, el discurso oficial del Gobierno parece ir en otra dirección, negándose la mayor, minimizando el problema, apelando a indicadores macroeconómicos, a grandes cifras que poco tienen que ver con la realidad que viven millones de familias.

Y mientras el Gobierno se escuda en datos macroeconómicos, los hogares comprobamos cómo el poder adquisitivo disminuye, los salarios cunden menos, el ahorro se hace imposible y la incertidumbre crece por una política fiscal que, lejos de aliviar la presión, eleva la carga sobre el bolsillo de los ciudadanos, pues desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa en 2018 ha aprobado hasta 100 subidas de impuestos y por eso la recaudación al erario público alcanza cifras récord.

Pero la pregunta que nos deberíamos hacer es en qué se traduce ese aumento de ingresos públicos, porque en el caso de Benicàssim, la respuesta es desalentadora. Y es que, pese al incremento de todo lo recaudado por parte del Estado, los vecinos de Benicàssim no percibimos ninguna mejora en materia inversora que permita mejorar nuestra calidad de vida.

El gobierno socialista se ha olvidado de las necesidades de Benicàssim. Y es que año tras año, seguimos recordando a Sánchez la entrada norte al municipio desde la N-340, largamente demandada y reivindicada, que no solo mejoraría la seguridad y la fluidez del tráfico, sino que dignificaría el acceso a unos de los principales municipios turísticos de nuestra provincia, Benicàssim. Pendiente está la construcción de un nuevo cuartel para la Guardia Civil, esencial para garantizar la dignidad de las personas que allí viven y que velan por nuestra seguridad. A esto se suman también otras reivindicaciones que dependen del Gobierno Central, como es dar una solución definitiva al impacto acústico que provoca el circular de los vehículos por la autopista AP-7 a su paso, por una parte, de nuestro término municipal. La instalación de pantallas acústicas sería una buena medida que mejoraría la calidad de vida de los vecinos, pues estas barreras reducirían significativamente el ruido del tráfico en las urbanizaciones cercanas a un paraje natural, una demanda razonable y necesaria que, sin embargo, sigue sin respuesta.

Pero estamos en una situación en que los ciudadanos percibimos que aportamos más que nunca, pero recibimos menos a cambio. De hecho, el Gobierno sigue sin reconocernos el incremento poblacional que hemos experimentado en Benicàssim, tras haber superado la barrera de los 20.000 habitantes. Es decir, tenemos que asumir más competencias, pero con menos recursos; más incremento poblacional, pero sin la financiación necesaria para poder llevarlas adelante.

Gasto público

Mientras tanto, vemos como por parte del Gobierno no escatima en gasto público. Un gasto que resulta difícil de comprender para una ciudadanía que hace esfuerzos constantes para llegar a fin de mes. Sin ir más lejos, el reciente desembolso de miles de euros de nuestros religiosos impuestos, que la vicepresidenta del Gobierno Yolanda Díaz ha destinado para acudir a la gala de entrega de los premios Óscar 2026, eso sí, sin imágenes que puedan delatar públicamente el glamur del evento donde, al parecer, dicen las malas lenguas que la ministra comunista se sentía como pez en el agua.

El Sr. Sánchez debería de hacérselo mirar y saber que la economía de un país no puede medirse sobre una moqueta, ni únicamente a través de esas grandes cifras que arrojar frente a la ciudadanía. Tampoco justificando los grandes dispendios para el lucimiento de miembros de su Gobierno. La economía de un país se mide en la calle, en función de cómo viven sus ciudadanos y, sobre todo, siendo consciente de la realidad de que, hoy en día, ya hay muchas familias que sufren por no llegar a fin de mes.

Alcaldesa de Benicàssim y senadora

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