Opinión | COSAS MÍAS
Viandas medievales
El paso del siglo XIV al siglo XV coincide con la muerte de Pedro IV y la sucesión de sus dos hijos, Juan y Martín, de breves reinados. El primero ciñó la corona en 1387 y, precisamente, el 4 de noviembre de 1392, junto con su esposa Violante de Bar, llegó a Castellón para efectuar una visita que se prolongó dos meses y comprendió todas las fiestas de Navidad. Los monarcas, que entraron en la villa bajo palio, se hospedaron en la casa del gobernador y batlle Guillem Miró, ubicada en la actual calle de Gracia, frente al convento de San Agustín.
Posiblemente la mansión del administrador regio en la localidad debía ser bastante más cómoda que el vecino parador real, lo cual no debe resultarnos extraño pues que, según recoge Sánchez Adell, el citado batlle ejercía un notorio cacicato en la villa, lo que le debía suponer pingües ganancias, patentes en el acomodo de su domicilio.
Por otra parte, no sería de extrañar que su majestad, inducido por su padre, tuviera mal fario, por el recuerdo del asesinato de su tío Fernando en la mansión habitualmente utilizada por los soberanos. Otra vez el teatro de García Gutiérrez o de Zorrilla.
No son pocos los escritos del municipio que refieren las numerosas y suculentas viandas que se ofrecen al regio cortejo para comer. Carnes, pescados, frutas, verduras y dulces se dispusieron en abundancia en la mesa regia, a fin de que «haja aquell dit senyor tota aquella abundància de viandes que mereix».
Cronista oficial de Castelló
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