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Opinión | A FONDO

Frente común en Europa: la cerámica

Esta semana, la voz de la provincia de Castellón se ha escuchado con firmeza en el corazón del Parlamento Europeo. Como alcalde de l’Alcora, he tenido la oportunidad de representar a un territorio cuya fisonomía, economía y cultura no se entienden sin la cerámica.

Ante los eurodiputados y los máximos representantes del sector industrial de España e Italia, el mensaje ha sido claro: nuestro futuro se decide en Bruselas, y es allí donde debemos asegurar que las políticas avancen al mismo ritmo que la realidad de nuestra industria.

Nuestro motor económico

En mi municipio, así como en gran parte de la provincia, la cerámica es el motor del bienestar de miles de familias. Hablamos de un modelo industrial que es un ejemplo de excelencia en toda Europa, que representa más del 32% del PIB provincial y genera más de 90.000 empleos. Somos un referente exportador a nivel mundial y, por ello, cualquier decisión que se tome en los despachos de Bruselas impacta directamente en el día a día de nuestros vecinos y vecinas y en la viabilidad de nuestro modelo de vida.

En este contexto, la realidad actual nos sitúa ante un sector que atraviesa un momento complejo. Al escenario internacional se suma un proceso de transición energética que es necesario, sin duda, pero que no puede hacerse de espaldas a la realidad productiva.

Nadie en la cerámica niega la transición ecológica. Al contrario. Durante décadas, el sector ha demostrado su compromiso con la sostenibilidad, la eficiencia y la mejora continua de sus procesos, incorporando avances tecnológicos que han permitido reducir emisiones y optimizar recursos.

Se ha avanzado de la mano de las mejores técnicas disponibles, reduciendo emisiones y mejorando la calidad ambiental de nuestros municipios. Sin embargo, hay una cuestión que no se puede obviar: la industria cerámica necesita altas temperaturas para su producción y depende, hoy por hoy, en torno a un 90% del gas natural. Y no existe todavía una alternativa tecnológica viable, ni a corto ni a medio plazo, que permita sustituir este consumo energético sin poner en riesgo la producción ni la competitividad del sector.

Transición con sensatez

Por eso, exigir objetivos inalcanzables en los plazos actuales no es acelerar la transición ecológica. Es, sencillamente, poner en riesgo un sector estratégico. Un sector que, además, compite en un mercado global donde otros países no tienen ni las mismas exigencias ambientales ni laborales, lo que genera una clara situación de desventaja. No podemos exigir a nuestras empresas unos estándares cada vez más elevados mientras permitimos la entrada de productos que no cumplen esas mismas condiciones. Si Europa endurece las condiciones sin ofrecer soluciones reales, lo que estaremos haciendo no es reducir emisiones, sino deslocalizarlas.

Quienes vivimos en los municipios cerámicos de la provincia lo sabemos bien porque lo vivimos de primera mano. Se trata de un sector que ha sabido adaptarse constantemente, modernizarse y apostar por la innovación como vía para seguir siendo competitivo y sostenible.

Para concretar, pedimos tres cosas muy claras. En primer lugar, un calendario realista: la transición debe adaptarse a la disponibilidad tecnológica, no al revés. En segundo lugar, ayudas y acompañamiento: la innovación, la electrificación o el desarrollo del hidrógeno requieren inversión pública y un respaldo decidido de las instituciones europeas. No se trata solo de marcar objetivos, sino de garantizar que existan las condiciones para alcanzarlos. Y, en tercer lugar, protección frente a la competencia desleal: no podemos permitir que productos de terceros países, con menores estándares, desplacen a una industria europea comprometida con la sostenibilidad.

Todos y todas a una voz

En esta misión a la capital europea, la provincia de Castellón ha dado una lección de unidad de acción. No hemos ido a defender siglas, sino a defender el futuro de nuestra gente. Instituciones, representantes políticos y el propio sector hemos formado un frente común de la mano de Ascer, demostrando que cuando está en juego lo importante, una sola voz, alta y clara, se escucha mucho mejor. No pedimos privilegios, pedimos respeto al trabajo y sentido común. La cerámica de Castellón ha cumplido su parte durante años. Ahora le toca a Europa demostrar que no va a dejar atrás a quienes son, precisamente, el motor de su prosperidad.

Alcalde de l'Alcora y secretario general del PSPV-PSOE en la provincia de Castellón

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