Opinión | A quemarropa
Domingo de Ramos
Hoy es un día especial. Hoy, tanto los católicos practicantes como aquellos que no lo somos, pero fuimos educados en el cristianismo en la escuela y en la calle, recordamos, con mayor o menor efusividad, la entrada triunfal de Jesús de Nazaret en Jerusalén. Hoy arranca la Semana Santa, tanto si somos creyentes como si no. Tanto si somos respetuosos como si no. Porque al calendario le importa un bledo lo que pensemos. Afortunadamente, todavía se celebra la Pascua, pese a las protestas de un sector desnortado que, como el gallo de Morón, se queda sin plumas y cacareando. Tanto por religiosidad como por cultura occidental, hoy es un gran día. Y la semana que viene es de importancia capital.
Pese a todo y pese a todos, estos días se siguen celebrando. Hay quien lo hace con fe, y sufre. Siente que son días de recogimiento, de oficios y procesiones. Y acude a la iglesia. Y participa. También hay, y en realidad son mayoría, quienes entienden que estamos ante un breve adelanto del verano, y se dedica a ir a la montaña para hacer excursiones y almorzar con los amigos. O a la playa para tomar el sol. Todo vale. No hay una única opción.
Anteayer fue viernes de dolores, aunque casi nadie lo recuerde. Y hoy es domingo de ramos. Felicitémonos pues, ya que si creemos… Jesús está a punto de dar la vida por el perdón de nuestros pecados. Y si no creemos… Va a comenzar una de las fiestas culturalmente más relevantes de España. Invito a todos los lectores de esta humilde columna a disfrutarlas, con devoción y pasión o sin ella. Pero a disfrutarlas.
* Pablo Sebastiá es escritor
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