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Opinión | El turno

Bruselas debe escuchar

A menos que el gran proyecto europeo, en el que muchísimos creemos y confiamos, quiera poner en marcha el reloj del tiempo de descuento y hacer crecer un desapego ciudadano como nunca ha vivido desde su creación, debe empezar a escuchar a la industria de la cerámica.

La industria europea no está al servicio de la UE; más bien al contrario, son las instituciones europeas las que deben estar al servicio de los ciudadanos y de la industria europea. Compartimos objetivos de descarbonización y todos queremos un mundo mejor, es obvio. Creemos en la sostenibilidad y queremos seguir creciendo y creando riqueza y puestos de trabajo sin comprometer los recursos de millones de ciudadanos europeos que todavía no han nacido. Pero, por el camino, no podemos perder miles y miles de puestos de trabajo ni hacer saltar por el aire la competitividad industrial.

No es justo que terceros países puedan vender en la UE sus productos, fabricados sin respetar ni uno solo de los condicionantes sociales, medioambientales y laborales que aquí respetamos a rajatabla. Ello les permite vender a precios un 70 % más bajos que, por ejemplo, nuestra cerámica. Eso se llama competir en inferioridad de condiciones, y no vamos a permitirlo.

O la UE escucha a nuestro sector cerámico y entiende que, hoy por hoy, y con el grado de madurez tecnológica existente, es imposible desenchufarse del gas para producir cerámica, y que es inexistente la tecnología y la energía verde que nos permita seguir fabricando, o nos abocará a la deslocalización y a la desaparición de la industria cerámica en nuestra provincia. 

Como alcaldesa de Onda, alzaré la voz cada día. Aquí, en Madrid o en Bruselas. Exigiré que se escuche a una industria que es nuestra seña de identidad. Siglos de conocimiento nos preceden como muestra del mejor saber hacer de nuestra industria, y es nuestra responsabilidad luchar a su lado ante un extremismo ideológico que solo traerá pobreza y la destrucción de miles de puestos de trabajo. A ello seguirá el sentimiento más antieuropeísta que podamos imaginar. Y ahí ya no tendremos vuelta atrás.

Si la UE quiere permanecer, y así lo deseo como europeísta convencida, debe escuchar a su industria; de lo contrario, se encontrará en tiempo de descuento, y eso no sería bueno para nadie.

* Carmina Ballester es la alcaldesa de Onda

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