Opinión | RECONTRA
Hijo de Chary
Aunque ya ha pasado marzo, mes de la mujer, no quiero dejar de comentar algo que he visto en las redes sociales hace nada. Un ramalazo del neo-odio por el que se insulta a algunas mujeres llamándolas Las charos. Un término que algunos iluminados utilizan con entusiasmo para referirse, de forma despectiva, a mujeres mayores, feministas y, peor aún, independientes. Se usa para estereotiparlas como molestas, exageradas, ignorantes o autoritarias, actuando como un mecanismo de burla y silenciamiento. Vamos, lo que, para estos cavernícolas, es el combo completo del terror.
Curiosamente, Charo o Chary era (y es) un nombre bastante común, el de madres, tías y vecinas que han sacado adelante familias, trabajos y luchas sin necesidad de trending topics. En mi caso, sin ir más lejos, mi madre se llamaba Chary. Así que uno no puede evitar sonreír (con cierta ironía) al ver cómo algunos intentan convertir en insulto lo que para muchos nos es sinónimo de fortaleza y sentido común.
Porque claro, qué amenaza tan terrible: mujeres que opinan, que votan, que protestan y que no piden permiso. Mujeres que vivieron épocas más duras y que, aun así, siguen defendiendo derechos para otras. En el fondo, esta gente lo que tiene es miedo: miedo a mujeres que no encajan, que no se callan y que no retroceden. Así que este marzo, mes de la mujer, tal vez convenga replantearse el término. Charo significa ser valiente, crítica y libre, y más de un machirulo debería aspirar a serlo. Aunque no tenga la suerte de llamarse Chary.
Urbanista
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