Opinión | VIVIR ES SER OTRO
Trabajar y cobrar
La paternidad tiene momentos interesantes. Iba a calificarlos de ‘brillantes’, pero me parece excesivo. El otro día, mi hijo, de nueve años, me preguntó acerca del binomio trabajo y cobro. Quería saber qué relación hay entre ambos. Por suerte, me dio tiempo a pensar un poco la respuesta. Imaginaba que los tiros irían por el tema de la exigencia en el estudio diario. Va a cuarto y no se le puede exigir gran cosa, pero ahora es el momento de sentar las bases de una buena rutina estudiantil.
Así que, tras los segundos de reflexión, cuando iba a contestarle, él se me adelantó: «¿Es verdad que cuanto más trabajas, más dinero ganas?». Asentí, claro. Luego reafirmé mi posición, con un «Sí, sí, sí…» acompañado de un cabeceo enfático, para asentar con claridad la respuesta. Pero al poco maticé lo que tan asertivamente había contestado: «Bueno, si estudias mucho y sacas buenas notas, casi seguro que de mayor tendrás la suerte de no tener que trabajar demasiado y ganar más dinero».
Puso cara de confusión: en realidad, esto más que un matiz añadía una información contraria a la dada antes. Entiéndanme, yo lo que quiero es que el niño saque buenas notas para que de mayor sus opciones sean mejores. Pareció entender el mensaje. Acompañé mis palabras con ejemplos prácticos: un arquitecto (su actual vocación) a lo mejor trabaja las mismas horas que un albañil, pero no llega a casa tan cansado y gana más dinero.
Podía colgarme una de esas medallitas virtuales que nos ponemos los papás cuando sentimos que ejercemos nuestra labor correctamente
Me sentí satisfecho de la pequeña lección dada. Podía colgarme una de esas medallitas virtuales que nos ponemos los papás cuando sentimos que ejercemos nuestra labor correctamente. Pocos días después, estábamos los dos viendo YouTube, es decir, ‘cosas de fútbol’. Entonces el algoritmo nos propuso un vídeo que al chaval le interesó de inmediato: 24 horas con Moleiro.
Por si alguien no lo sabe, Alberto Moleiro es un futbolista del Villarreal CF, quizá la estrella del equipo groguet y uno de los ídolos de mi hijo (solo por detrás de Mikautadze, su preferido). El trabajo de un jugador de fútbol profesional comienza a las 10.30 de la mañana con… ¡un almuerzo! Sí, su primera tarea del día es comer lo que le propongan desde el club junto a sus compañeros, todos haciendo chanzas.
Las tareas, vamos a llamarlas ‘de verdad’, empiezan a las 11.30 horas, con el entrenamiento sobre el césped, luego un rato de gimnasio hasta las 14.00 y ya está. Ducharse, comer y, sobre todo, la siesta, como que no cuenta. En fin, que trabajan dos horas y media al día. No voy a hablar de lo que ganan porque, aunque a usted no le guste el fútbol, bien sabe que su salario anual multiplica lo que un trabajador medio ganaría en toda su vida. Y en algún caso me quedo corto y todo.
Al acabar el vídeo pensé que mi lección de unos días atrás se había ido al carajo, así que preparé todo un discurso sobre lo excepcional que es el deporte rey.
Pero no, supongo que el niño, que ya sabe que no llegará a profesional del fútbol, ve a esa gente de otra manera, como pequeños diosecillos. Por un lado me alegra, por otro me parece una desgracia, o una lástima.
*Carlos Tosca es escritor de La Pajarita Roja
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