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Opinión

Más allá del buen dato sobre empleo

La última fotografía del mercado laboral en Castellón, que hemos conocido este Lunes de Pascua, invita a una lectura optimista, aunque no exenta de matices. La reducción del paro durante el último mes parece responder, en gran medida, a dinámicas estacionales que se repiten cada año: el impulso del sector servicios ligado a la actividad turística de la Semana Santa vuelve a actuar como motor coyuntural del empleo. No es un fenómeno nuevo, pero sí revelador de hasta qué punto la economía provincial continúa apoyándose en pilares que, si bien eficaces en determinados momentos del año, adolecen de una estabilidad estructural más sólida. Más allá del titular positivo, conviene detenerse en la composición de esta mejora. El hecho de que prácticamente todos los sectores contribuyan al descenso del paro sugiere una cierta transversalidad en la recuperación, aunque con intensidades muy dispares. Mientras los servicios tiran con fuerza, otros ámbitos como la industria o la agricultura muestran avances más discretos, lo que plantea interrogantes sobre su capacidad de generar empleo sostenido en el tiempo.

También merece atención el aumento entre quienes buscan su primer empleo. Este dato, aunque suele ser menos visible en el conjunto, apunta a una dificultad persistente de inserción laboral para determinados perfiles, especialmente jóvenes o personas sin experiencia previa. Es ahí donde se pone a prueba la calidad del mercado de trabajo, más allá de su capacidad para absorber mano de obra en momentos puntuales.

Incertidumbre

En clave nacional, parece claro que el descenso del paro refuerza la percepción de una tendencia favorable que se consolida en los últimos meses. Sin embargo, esta evolución convive con un contexto económico mundial incierto y con las tensiones que afronta el tejido empresarial, especialmente el de menor tamaño. Las pymes, columna vertebral de la economía, operan en un entorno marcado por el encarecimiento de costes y la incertidumbre, factores que pueden limitar su capacidad de contratación. No hay que olvidar que cerca del 95% del tejido productivo está en manos de las pequeñas y medianas empresas, de ahí que cualquier asunto que atañe a este ámbito las consecuencias tienen una alta incidencia en nuestra economía.

Por otro lado, no menos importante es la calidad del empleo que se crea. Porque no basta con que aumenten las contrataciones si estas se concentran en puestos temporales o de escasa estabilidad, muy ligados a picos de actividad concretos. La verdadera fortaleza del mercado laboral se mide en su capacidad para ofrecer continuidad, condiciones dignas y perspectivas de crecimiento. En este sentido, el desafío para Castellón pasa por avanzar hacia un modelo menos dependiente de la urgencia estacional y más apoyado en sectores que aporten valor añadido y resiliencia a largo plazo.

También es importante que el buen comportamiento del empleo no debe conducirnos a la complacencia. La estacionalidad, la dependencia de determinados sectores y las dificultades estructurales de parte del tejido productivo siguen presentes. El reto, por tanto, no es solo seguir reduciendo el desempleo, sino hacerlo de forma más equilibrada, sostenible y resistente a los vaivenes externos. Solo así los datos dejarán de ser una buena noticia puntual para convertirse en un reflejo de solidez económica a largo plazo en nuestra provincia, tan internacionalizada como expuesta a las montañas rusas a las que nos tiene acostumbrado el contexto internacional.

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