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Opinión | RECONTRA

Luz en el balcón

El mapa global de la energía solar es de risa. España, bañada por el sol, pierde la carrera frente a la sombría Alemania, donde las nubes parecen no haber impedido una revolución fotovoltaica mucho más sólida. Y ahora, en plena incertidumbre internacional marcada por las locuras del emperador Trump, la situación adquiere un matiz aún más irónico.

Mientras el rey naranja golpea como un niño cabreado el tablero global de la energía (reabriendo debates sobre combustibles fósiles y tensando mercados), Europa solo puede blindarse con renovables. Y aquí es donde España debería brillar… literalmente. Pero no siempre lo hace. Alemania, con menos sol y más previsión, apostó antes y mejor. España, con más sol y menos constancia, llega tarde a su propia fiesta.

Crisis energética

El modelo español sigue apoyándose en grandes plantas, como si la única solución fuera cubrir media España de paneles mientras los tejados urbanos siguen infrautilizados. Alemania entendió hace tiempo que la transición también se construye balcón a balcón. La ironía es evidente: en un contexto de crisis energética global, donde depender del exterior es cada vez más arriesgado, España aún no explota del todo su mayor potencial, el sol. Quizá haga falta otro exabrupto del presidente yanqui para terminar de asumir lo obvio. Resulta casi absurdo que en el país del sol la energía siga siendo, en parte, una oportunidad desaprovechada. Alemania produce con nubes; España duda con cielo despejado. Y eso no hay política internacional que lo explique.

Urbanista

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