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Opinión | BABOR Y ESTRIBOR

Pradales y el Guernica

No seré quien aplauda las desafortunadas palabras de la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, calificando de «catetada» la petición del lehendakari, Imanol Pradales, al Gobierno para que el grandioso cuadro Guernica sea expuesto temporalmente en el Museo Guggenheim de Bilbao; con ocasión del 90 aniversario del bombardeo de Gernika, ocurrido el lunes 26 de abril de 1937. Ya en 2017 el Parlamento Vasco, con los votos de PNV y EH Bildu, realizó la petición oficial. Si la operación de traslado cuenta con el visto bueno de los técnicos del Estado, adelante. Empero, antes de entrar en harina, no puedo obviar las declaraciones del exjefe de ETA y líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, quien ha tenido el ignominioso cuajo de relacionar a Ayuso con la criminal acción de la Legión Cóndor cedida por Hitler a Franco. Viniendo del cerebro gris de la banda terrorista, la impostura resulta especialmente vomitiva.

Al poco de morir el dictador, 20 de noviembre de 1975, el ayuntamiento y fuerzas vivas de la población de Gernika solicitaron la histórica obra de Pablo Picasso al Museo de Arte Moderno de Nueva York. En 1977, la esposa del pintor, Jacqueline, remitió carta al consistorio vizcaíno comunicando la voluntad de su marido, fallecido en 1973, y que cabe resumir en esta cita literal: «El maestro quería que el cuadro y los bocetos para esta pintura sean entregados al Prado de Madrid». El mural Guernica llegó a España en 1981, formando parte del Patrimonio Nacional y siendo definitivamente ubicado en el Museo Princesa Sofía. La pintura siempre resultó propiedad del Estado (nunca donación del artista malagueño), por la que pagó 200.000 francos, tras ser realizado el encargo desde el Gobierno de la II República, como muestra de la guerra civil en la Exposición Universal de París de 1937. A modo de anticipo el comisario del pabellón español, José Gaos, entregó 50.000 francos al autor, quedando reflejado en documento remitido al entonces presidente del Consejo de Ministros, Juan Negrín. El 28 de mayo el escritor Max Aub, en la función de comisario adjunto, acabó de completar los honorarios de Picasso con un cheque de 150.000 francos.

Barbarie

El genio español creó la más universal de sus obras en el estudio parisino de la rue des Grands-Agustins, iniciando los primeros bocetos antes de que la aviación nazi y la Aviazione Legionaria de Mussolini perpetraran la barbarie sobre la villa vizcaína sede de las Juntas Forales, el día de mercado. Picasso trabajó inicialmente sobre la idea que definió: «Sueño y mentira de Franco». A medida que iban avanzando los acontecimientos bélicos en España, con gran impacto de los bombardeos de Málaga primero y Gernika después, el referente del cubismo acabó de inspirarse en unos bocetos documentados fotográficamente por la musa y amante, Dora Maar. El resultado: expresar el desgarro de una nación, mostrando el horror y la injusticia de los efectos de la guerra en la población inocente. Un alegato contra la violencia, no solo por el sangriento episodio acontecido en el lugar más sagrado del pueblo vasco, parte indeleble de España.

Periodista y escritor

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