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Opinión | El trasluz

Dificultades logísticas

Tirar de la cadena del váter... ¿Un acto revolucionario?

Tirar de la cadena del váter... ¿Un acto revolucionario? / Freepik

En la mesa de al lado, dos jóvenes intercambiaban ideas acerca de acciones revolucionarias de gran impacto, aunque fáciles de llevar a cabo. Tomé nota de una que consistiría en poner de acuerdo a todos los habitantes del planeta, a través de las redes sociales, para que determinado día y a determinada hora tiraran de la cadena de las cisternas de sus retretes y de los retretes de sus lugares de trabajo. Esa descarga simultánea, pensaban, quizá cambiara el eje de la Tierra.

-Imagínate -dijo uno de ellos- todos esos rascacielos de cuarenta o cincuenta pisos que hay en Estados Unidos o en los Emiratos Árabes o en China o en Japón… ¡Qué andanada de agua sincrónica recibirían!

-Eso -añadió el otro-, sin contar con las cisternas de las viviendas normales, que suman millones y millones a lo largo y ancho del mundo. Imposible imaginar la cantidad de litros que se pondrían en marcha.

Me quedé pensando en la propuesta con un afecto que no habría dedicado a un programa electoral. Quizá porque aquella ocurrencia tenía algo de físico, de verificable. Traté de imaginar la situación del planeta tras ese empujón hidráulico que quizá lo sacara de su rutina de siglos. Un leve desplazamiento del eje y, de pronto, las estaciones confundidas, las brújulas dudando de sí mismas, los mapas convertidos en borradores…

Pensé también en la dificultad logística: convencer a millones de personas de que interrumpieran lo que estuvieran haciendo (una reunión, un sueño, un coito) para accionar a la vez ese mecanismo humilde, aunque verdadero botón rojo de la cultura. Lo más inquietante no era la coordinación, sino la fe puesta en el gesto. Creer que una suma de actos insignificantes puede alterar la mecánica del mundo. No hablamos de tomar palacios de invierno ni de asaltar parlamentos, sino de tirar de una cadena. Imaginé a alguien que llegara tarde a la cita. Alguien que, por distracción o escepticismo, no tirara de la cadena a la hora prevista. ¿Sería responsable de que la Tierra no se moviera lo suficiente? ¿Cargaría con la culpa de haber frustrado el mayor intento de reorientación planetaria de la historia? Hay en toda utopía un residuo de reproche.

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