Opinión | BABOR Y ESTRIBOR
Borja Sémper y García Ortiz
Entre tanto se juzgaba la génesis del sanchismo en el Tribunal Supremo, con escenas visuales de lo más ilustrativas, en jueves y domingo asistíamos a dos interesantes entrevistas que representan las dos caras de la política nacional. En ambas los periodistas parecían imitar el estilo directo y conversacional de Larry King, icono del periodismo televisivo estadounidense. Me quedo con el interviú de Pablo Motos a Borja Sémper en su regreso a la arena pública, tras ganar la primera partida a un cáncer de páncreas. Borja se sinceró sobre la transformación personal experimentada a lo largo de diez duros meses de lucha contra la enfermedad.
La otra entrevista destacable (ajustada a la expresión rioplatense de pete y que en nuestro país solía verbalizar el maestro José María García con un español más directo) llegó de la mano de Jordi Évole frente al exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortíz. Pasamos de la frescura de un recuperado enfermo de cáncer al drama del condenado por el delito de revelación de datos reservados, con el agravante de ser el primer máximo responsable del ministerio público a las órdenes del Gobierno separado de la carrera fiscal. Évole, en su línea de chico de barrio desaliñado y de izquierdas, solo faltó que llamara desde el móvil al presidente Pedro Sánchez en mayor arropo del victimizado García Ortíz. Ya nos sorprendió telefoneando al inquilino de la Moncloa, que enseguida se puso, en el paripé con otro brazo armado mediático del sanchismo: el comediante y también catalán Marc Giró.
En el enjuague periodístico del pasado domingo el ínclito Évole, cuyas capacidades e inteligencia resultan evidentes, recordó al fiel fiscal de Sánchez que él mismo tuvo ocasión de vaticinar la condena en anterior entrevista realizada con ocasión del polémico procesamiento. «Yo le dije que lo condenarían, conociendo a quienes iban a juzgarlo», apuntó el comunicador mientras el exfiscal aseveraba con rostro compungido. Entrevista solidaria ante el drama de un disciplinado peón de Sánchez, en la que solo apreciamos un momento incómodo, aunque dulcificado por el propio entrevistador, llegado el momento de preguntar por el borrado del contenido del teléfono. En tono beatífico, sin que el periodista apretara las tuercas, García Ortíz salió al paso con lo ya sabido: «El borrado no está relacionado con nada que quiera ocultar a un posible investigador. Borro de manera sistemática». Después vino el drama de pisar la calle y ser señalado. Como dicen los rioplatenses, una entrevista pete.
El martes, felizmente, Borja Sémper coronaba junto a Feijóo la vuelta a la arena política. Voz fresca, imagen renovada y formas deseadas en la reaparición de Sémper, asegurando con determinación el deseo de hacer política obviando «el ruido, el circo y el barro». Y leyó claramente la cartilla a Vox por su postura ante la realidad migratoria, recordando a los de Abascal que levantan muros muy altos y deshumanizan la inmigración. Con el PSOE también fue muy crítico, denunciando la interesada estrategia de «puertas abiertas y descontrol». Bienvenido, Borja.
Periodista y escritor
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