Opinión | A FONDO
Vila-real no puede esperar más
Uno intenta ser leal. Intenta respetar los tiempos institucionales, guardar las formas y confiar en que el diálogo entre administraciones sirva para desbloquear los asuntos importantes. Eso es lo que hemos hecho desde el Ayuntamiento de Vila-real: actuar con seriedad, responsabilidad y paciencia. Pero la paciencia no puede convertirse en una coartada para el desprecio. Y ese límite ya se ha alcanzado.
Han pasado dos meses desde que solicité formalmente una reunión urgente al president Pérez Llorca para abordar, entre otras cuestiones, el proyecto más importante para Vila-real en muchísimo tiempo: la nueva estación, la eliminación de la pasarela aérea y la integración ferroviaria. No hablamos de una obra más ni de una demanda localista. Hablamos de corregir una anomalía histórica que lleva décadas frenando el desarrollo urbano, la movilidad y las oportunidades de nuestra ciudad. La petición se trasladó con respeto institucional, claridad y voluntad de colaboración. Se explicó que era un momento clave, porque ADIF ya ha remitido la propuesta de convenio para empezar a trabajar. Es decir, cuando por fin se abre una oportunidad real para avanzar, la Generalitat decide no estar.
Porque cuando Pérez Llorca no encuentra un hueco en dos meses para recibir al alcalde de la segunda ciudad de la provincia y hablar del que probablemente sea el proyecto más importante en siglos para su futuro, el mensaje político es claro y evidente: Vila-real no está entre sus prioridades. Y eso no es una impresión, sino un hecho.
Los hechos, además, son muy elocuentes. En marzo y abril de 2026, Pérez Llorca sí ha encontrado tiempo para acudir en varias ocasiones a la provincia de Castellón. Ha estado en Castelló, en Onda para presentar la actuación del eje de la cerámica y en Moncofa para visitar las obras de ampliación del centro de salud con una inversión de 2,6 millones de euros. Incluso ha venido a Vila-real. Pero no para atender al Ayuntamiento ni para escuchar las necesidades de la ciudad, sino para acudir al Estadio de la Cerámica a un partido entre el Villarreal CF y el Elche CF. Para eso sí hubo tiempo.
Y ahí está la clave. No es que el president no tenga agenda. Es que decide en qué la utiliza, dónde está, con quién aparece y qué municipios merecen una foto, una inversión o una visita. Y también decide, por omisión, a qué ciudades se relega al silencio. Vila-real, por lo visto, entra en esa última categoría.
El contraste es todavía más sangrante cuando uno lee sus propias publicaciones en redes sociales. Pérez Llorca presumía de una inversión de 102 millones de euros para la nueva Estación Central Intermodal del TRAM de Alicante y celebraba que tres administraciones trabajaran con un mismo objetivo para mejorar la vida de los ciudadanos. Muy bien. Eso es exactamente lo que debería hacer un president. Lo que ya no se entiende es que esa defensa de la colaboración institucional y de las grandes inversiones valga para Alicante, para Moncofa o para Onda, pero no para Vila-real.
Aquí no se está pidiendo un favor. No se está reclamando un privilegio. Se está exigiendo la atención que corresponde a una ciudad que lleva demasiado tiempo acumulando retrasos, agravios y discriminaciones en materia de infraestructuras. Vila-real no puede seguir dependiendo del calendario político del PP ni quedar relegada porque no encaja en la propaganda del Consell.
Nuestra voluntad sigue siendo la misma que ha sido siempre: diálogo, colaboración y lealtad institucional. Pero la lealtad no puede ser unilateral. No puede consistir en llamar a la puerta mientras el president ni siquiera se molesta en abrir. Y mucho menos cuando lo que está en juego afecta al presente y al futuro de toda una ciudad.
Por eso hay que decirlo con claridad: si Pérez Llorca no responde, Vila-real seguirá adelante. Con firmeza, con todos los instrumentos que el Estado de derecho pone a nuestro alcance y defendiendo, donde haga falta, los intereses de nuestra ciudad. No desde el victimismo ni desde la confrontación estéril, sino desde la obligación de no quedarnos quietos.
Defender Vila-real es reclamar lo que nos corresponde sin bajar la cabeza y sin aceptar más discriminaciones. Esa es también la nueva Vila-real del siglo XXI: una ciudad con orgullo de pueblo, que sabe de dónde viene, que no renuncia a su futuro y que sigue avanzando con firmeza y humildad. Porque Vila-real avanza cuando se la respeta, pero también cuando se levanta para defender lo que es justo.
Todavía queda mucho por corregir. Todavía arrastramos demasiados retrasos y decisiones aplazadas. Por eso este no es un tiempo para el conformismo, ni para las excusas, ni para mirar hacia otro lado. Es el momento de exigir respeto, compromiso y hechos al president Pérez Llorca.
Porque hay momentos en los que defender a tu ciudad exige dejar de esperar. Y este es uno de ellos. Sempre endavant.
Alcalde de Vila-real
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