Opinión | Un libro abierto

Coordinador del suplemento cultural 'Quaderns'
Contra el derrotismo
Esta semana tuve la fortuna de reencontrarme con el buen amigo Alberto Lucendo. Había que aprovechar su presencia por estos lares y ponerse al día. Ambos llegamos a una conclusión que dice poco o muy poco de nosotros mismos: somos unos boomers. Ya saben, eso de actuar con cierta condescendencia y valorar, quizá excesivamente, aquello de «cualquier tiempo pasado fue mejor». Resulta sencillo caer en esa desazón que parece impregnar nuestro modo de ver, sentir y vivir la vida. Todo parece abocado a un vacío irremediable o, para no resultar tan catastrofista, a un futuro inmediato carente de grandes expectativas. Falta un mayor sentimiento de comunidad para que todos rememos a una, para que logremos convencernos de que existen espacios donde plasmar el talento que habita en este territorio que solemos identificar como inerte a nivel creativo y de movilización. Cuando no es así.
Castellón continúa moviéndose, aunque a veces lo haga lejos de los focos o sin el ruido necesario para ocupar titulares durante semanas. Quizá el problema resida en nuestra tendencia a mirar siempre hacia fuera, hacia ciudades que consideramos más modernas, más agitadas o más preparadas para acoger determinadas propuestas culturales. Mientras tanto, aquí siguen ocurriendo cosas interesantes. Algunas nacen desde la precariedad, otras desde el entusiasmo y muchas desde una mezcla explosiva de ambas.
Basta detenerse unos minutos para comprobarlo. Ahí están iniciativas jóvenes como Cúmul o La Simulación, empeñadas en generar espacios donde compartir ideas, música, pensamiento y creación contemporánea. También la Nit de l’Art, convertida ya en un punto de encuentro imprescindible para entender el pulso artístico de la ciudad. O el festival Imaginària, capaz de reivindicar la fotografía como lenguaje abierto y necesario. Y, por supuesto, el pequeño milagro del SONS Castelló, demostrando desde hace años que todavía existen proyectos construidos desde la honestidad y el amor profundo por la música.
Nada de esto solucionará por sí solo nuestros complejos colectivos ni eliminará esa sensación de periferia permanente que tantas veces nos acompaña. Pero sí demuestra algo importante: existe una generación dispuesta a hacer cosas, a provocar conversaciones y a construir comunidad desde la cultura. Tal vez el verdadero error consista en no prestar suficiente atención a todo lo que ya está ocurriendo delante de nosotros.
Conviene recordarlo más a menudo. Entre tanta queja, tanta nostalgia y tanto diagnóstico derrotista, seguimos rodeados de personas empeñadas en activar esta tierra desde la creatividad y el compromiso. Quizá no vivamos una edad dorada irrepetible, pero tampoco atravesamos un desierto. Castellón continúa respirando cultura, incluso cuando algunos insistimos en no verla.
Suscríbete para seguir leyendo
- Sin rastro del menor hundido en la playa de Almassora tras la segunda jornada de búsqueda
- El 'top 10' de los colegios más demandados de Castellón: dos privados y ocho públicos
- La lluvia descarga con fuerza en un pueblo de Castellón: caen hasta 44 litros por metro cuadrado
- Desaparece un hombre en la playa de Almassora mientras se bañaba
- Castelló da la vuelta al mundo en un día: 14 países llenarán el parque Ribalta de música, bailes y gastronomía
- Patricia Campos, exmilitar castellonense, detenida por presuntos malos tratos a sus hijos: “Son falsos. Nos han hecho un daño terrible”
- Rubi habla de adulteración por las bajas del Castellón: «No voy a decir lo contrario ahora, es evidente»
- Un pueblo del interior de Castellón suma un nuevo supermercado y crea 12 puestos de trabajo