Opinión | BABOR Y ESTRIBOR
Con la Guardia Civil
Cuando ocurrió el asesinato de dos guardias civiles en el puerto de Barbate, a manos de narcotraficantes, ya señalé la responsabilidad del ministro del Interior, Marlaska, fiel sanchista de primera hora. Es ominosa la gestión del juez en excedencia entregado en cuerpo y alma a preservar los intereses de su señorito Pedro Sánchez. Aunque para ello tenga que mangonear en las capacidades de los cuerpos de seguridad del Estado, mal dotados y con el principio de autoridad cercenado. Práctica que tiene entretenido a Marlaska con especial celo en la sacrificada Guardia Civil. Empero, no debería equivocarse Sánchez en cómo orienta al fiel miembro de su Gabinete. El instituto armado podrá tener algún general laxo a los preceptos fundacionales basados en el honor como divisa, agradecido por el ascenso: las estrellas de cuatro puntas se reparten desde el poder político. Esa parte agradecida de la cúpula no resulta garante de nada en un pretendido control interno de los algo más de ochenta mil uniformados de verde. Los servidores públicos del tricornio constituyen un colectivo admirado en todo el mundo gracias a la alta profesionalidad e inquebrantables valores. Debería recordar Pedro que la Guardia Civil ha sobrevivido a regímenes y gobiernos desde 1844. Ahora, la poderosa arma del Estado de Derecho a los del Duque de Ahumada les confiere inusitada fuerza en la defensa de los intereses de la sociedad que han jurado servir. Ahí está la UCO, para desgracia de políticos corruptos y gran suerte para ciudadanos honrados.
Fruto de la nefasta política del ministerio del Interior, días pasados asistimos a un nuevo doble asesinato en aguas próximas a la costa de Huelva. Esta vez burdamente maquillado por Marlaska como «desgraciado accidente». La realidad es que los delincuentes de cárteles de la droga asentados en el litoral andaluz se ríen a diario de la Guardia Civil, cuyos miembros siguen disciplinados los suicidas protocolos de actuación emanados del Gobierno. Las gomas de los traficantes navegan por el Guadalquivir con absoluta impunidad y en el mar juegan con la baza de potentes embarcaciones pilotadas por temerarios delincuentes. El asesinato del capitán Jerónimo y el guardia Germán ha vuelto a desvelar la vergonzosa estrategia gubernamental respecto a la problemática del narcotráfico y la represión de las mafias. La colisión de dos lanchas de la Guardia Civil mientras perseguían a una motora de narcos abre nuevamente un dilema: ¿por qué los agentes del orden tienen que jugarse la vida poniéndose al nivel de los criminales? ¿De qué les sirven las dotaciones de armamento? Siempre es preferible ametrallar a unos delincuentes tras desobedecer las preceptivas órdenes de alto que pretender detenerlos haciendo acrobacias náuticas, arriesgando la vida y perdiéndola. Con voluntad verdadera, y la coordinación de fuerzas armadas la lacerante situación daría un cambio radical. De momento, dos guardias civiles más van sumando la nómina de crímenes de los señores de la droga en Andalucía. El pusilánime de Marlaska no fue al funeral de Huelva. Sánchez tampoco. Vergüenza.
Periodista y escritor
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